Cuba: Che, semilla, raíz y árbol

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Hoy, esta Patria Grande sigue en pie de lucha y no hay duda, estás aquí. Has vuelto con tu guerrilla para ayudarnos a limpiar el camino de las plagas neoliberales, colonizadoras.

No te miento, el enemigo arremete sin piedad, no pretende herirnos, quiere borrarnos, someternos, pero seguimos de pie y eso también es en tu nombre, en el nombre de los que como tú nos enseñaron que la libertad no tiene precio, y que es mejor morir peleando por ella que vivir mirando al suelo
Autor: Leidys María Labrador Herrera
Allí estaba, con una rosa en la mano, frente a tu imagen, en aquel espacio abrazador que sobrecoge, y mi corazón latía fuerte, se apretaba mi pecho cada vez que inspiraba el hálito de tu presencia. Y entonces me sobrepuse a la emoción del momento y te hablé, como tantas veces quise hacerlo desde el instante en que descubrí tus ojos sinceros e infinitos en aquella foto de Korda.
No confesé a nadie nada. Preferí guardar la sensación que me invadió como algo demasiado mío para compartirlo pero, sinceramente, cuando salí de aquel espacio te sentí cerca de mí como nunca antes, porque eres semilla, raíz y árbol, todo a la vez. Te siembras en el alma, llegas hasta lo más profundo del sentimiento y creces, ilimitadamente creces, desde la humilde inmensidad de tu legado.
Nadie pudo impedir que te encontrásemos, aun disimulado bajo tierra, porque un hombre como tú es mucho más que sus propios huesos. Un hombre como tú es del tamaño de su impronta y la tuya, Guerrillero, envuelve como manta protectora a los hijos de tu amado continente, atraviesa los odios, los silencios, las mentiras infundadas que sin éxito han querido empañar tu nombre. Así de grande eres, así de inmortal.
Balas obtusas, infames, desagradecidas fueron aquellas que desgarraron tu piel, que intentaron robarte el aliento y apagar tu espíritu, espíritu eternamente irreverente frente a los autoproclamados dueños del mundo, a los implacables poseídos de ambición que se creen con el derecho de robarle a los pueblos el alma. Pero aquel día de octubre volviste a nacer, te mezclaste con las aguas de los ríos, te fundiste con las piedras en el corazón de la tierra americana y tu piel ya no fue tuya, fue de todos los desposeídos, de aquellos que en plena juventud te hicieron escribir tras tu periplo latinoamericano:
«El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina, el que las ordena y pule, yo, no soy yo, por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí».
Cuánta convicción te habitaba ya. Tú no marcaste tu destino, lo hizo un humanismo que te sobrepasaba, un deseo de justicia que te trajo hasta esta patria fecunda y te convirtió en su hijo, que te llevó a la sufrida África, que caminó contigo hasta los senderos bolivianos. El antimperialismo corría por tus venas y estaba tu corazón henchido de solidaridad e internacionalismo. ¡Comandante, de qué asombroso material estabas hecho!
Hoy, esta Patria Grande sigue en pie de lucha y no hay duda, estás aquí. Has vuelto con tu guerrilla para ayudarnos a limpiar el camino de las plagas neoliberales, colonizadoras. No te miento, el enemigo arremete sin piedad, no pretende herirnos, quiere borrarnos, someternos, pero seguimos de pie y eso también es en tu nombre, en el nombre de los que como tú nos enseñaron que la libertad no tiene precio, y que es mejor morir peleando por ella que vivir mirando al suelo.
Es ese el homenaje que mereces, el único que de seguro habrías aceptado, nuestro compromiso de batallar hasta morir para vivir como tú has muerto, para vivir como tú vives.
La historia la hacen los hombres, pero hay hombres que en sí mismos son historia, porque trazan, con el suyo, el camino de millones de seres humanos, porque dibujan un sendero de luz para iluminar a aquellos que se han perdido en la oscuridad de la miseria y el desamparo, porque no saben vivir para sí, viven para los demás.
Che Comandante, gracias por ser siempre nuestro amigo, gracias por iluminar eternamente la conciencia de los que hemos elegido esculpirte en un lugar privilegiado de nuestros corazones y poner nuestros pies sobre las huellas que dejaste, y que ni toda la lluvia del tiempo podrá borrar jamás.
Fuente: granma.cu

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