CUANDO EL LUJO NO ES VULGARIDAD

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Por Boris Katunaric
El centro cultural Kirchner ha sido inaugurado por la Presidenta el último jueves. Sin dudas, es uno de los eventos del año y, sin riesgo de hipérbole, puede tratarse de un hecho histórico. Ello, tal vez porque lo hiperbólico sea el mismo Centro Cultural cuyas dimensiones y el carácter, a la vez moderno y en conjunto con la recuperación patrimonial que lo unifica, son de bellezas desmesuradas sin generar ningún tipo de tensión en su arquitectura.
El Centro Cultural Kirchner ha sido inaugurado por la Presidenta el último jueves. Sin dudas, es uno de los eventos del año y, sin temor a la hipérbole, puede tratarse de un hecho histórico. Tal vez porque lo hiperbólico sea el mismo centro cultural cuyas dimensiones y el carácter, a la vez moderno y en conjunto con la recuperación patrimonial que lo unifica, son de bellezas desmesuradas sin generar ningún tipo de tensión en su arquitectura. Esa armonía entre lo clásico y lo moderno, es un reencuentro épico con un espacio que sólo pudo ser abandonado por una voluntad política signada por la miseria planificada.
La inauguración de este Centro significó, para los que estuvimos presentes, descubrir un espacio inmenso y lumínico, de una vitalidad que pudimos sentir al instante, apenas recorriendo una pequeña parte de él. Montados al lomo de la ballena azul y con la gran lámpara iluminando nuestras cabezas, presenciamos el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien dio detalles de las inversiones que se han realizado en cultura desde 2003 a la fecha y dando especificaciones técnicas de este lugar maravilloso, obviamente sin quitarle lugar a la emotividad de sus palabras.
Nada más saber que cuenta con 9 pisos y tres subsuelos, 44 salas de exposición, 6 auditorios, 14 salas de ensayo y 26 vestíbulos, además de la ya mencionadas ballena azul, auditorio sinfónico que cuenta con espacio para 1750 personas, un órgano de excepción y con una cúpula de una belleza sin igual. No podemos tener otra expresión que la del deslumbramiento.
Pero como no todo el mundo festeja este logro, el grupo Clarín tiene una duda expresada este último viernes sobre las dimensiones y características del C.C. Kirchner: “¿No será demasiado lujo para un país como el nuestro?” Quien suscribe tiene ganas de contestar esto cual Mordisquito; mi amigo, esto no es un lujo, esto es meter de nuevo las patas en la fuente, es apropiarse y darle vida a lo que se nos ha sido negado históricamente.
También vale repreguntar al monopolio: ¿por qué no lo mereceríamos? ¿Qué tipo de autoestima puede creer que no nos merecemos este Centro Cultural? Solo el de la derrota, los derrotados en la batalla cultural creen que no tienen derecho, en tanto pueblo, en tanto ciudadanía, a disponer de este tipo de bienes públicos, gratuitos y de excelencia mundial.
Reformulamos la repregunta con otros condimentos que, prejuzgamos, son el verdadero sentido de la pregunta clarinista: ¿no será demasiado lujo que el Estado haga esto y no la inversión privada como debería ser? Para la respuesta, citamos a la Presidenta en su discurso inaugural de este Centro Cultural: “esto no lo puede hacer la inversión privada, si no la hace el Estado no la hace nadie (…) los indicadores culturales están íntimamente vinculados a la economía, la economía tiene que estar unida, también, a la promoción de estos acontecimientos, no necesariamente cuando se crece económicamente se crece culturalmente, se puede crecer económicamente y, sin embargo, no prestarle atención a la cultura y no tener el efecto redistributivo que tiene el acceso a los bienes culturales”. Es decir, solo el Estado puede garantizar la redistribución de los bienes culturales mediante el crecimiento económico y, sobre todo, la voluntad política.
El titular de Aerolíneas Argentinas y candidato a Jefe de gobierno porteño, Mariano Recalde, se adelantó a una respuesta posible para esta pregunta clarinista “Hace algunos días vine a visitar la obra, todavía en construcción, con el ministro De Vido y los obreros nos preguntaban, con esa timidez que tienen los obreros, si iban a poder venir, porque están mal acostumbrados a que lo lindo, a qué lo grande es para los ricos o es para pocos o hay que pagar muy caro. Y yo les dije con toda la inocencia que cómo no iban a poder venir, que por supuesto que sí, que iba a estar abierto”. A su vez, el titular de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Ricardo Forster, dijo que “es una iniciativa formidable que tiene que ver con la construcción de un cambio en cuanto al rol del estado con la cultura, el Estado es un núcleo central para que la cultura no quede solamente reducida al negocio, a la renta de unos pocos. Abrir la cultura, generalizarla, democratizarla es que el estado construya espacios como es este Centro Cultural Néstor Kirchner, ahora hay que llenarlo, hay que habitarlo, hay que apropiarse de él hay que convertirlo en expresión de la potente capacidad de creación de cultura que tiene muy profundamente el pueblo argentino”
Sentimos, así, la puesta en funcionamiento del C.C. Kirchner, como la entrada a una nueva casa que habitaremos mucho tiempo, una casa de todos, una casa que no nos podrán arrebatar porque estaremos siempre adentro, confortables y con mucho espacio para disfrutar todos los argentinos.

Fuente: Agencia Paco Urondo

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