COMPAÑÍAS DE TEATRO PIDEN LA RENUNCIA DE LOPÉRFIDO

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Por Mariel Martínez
“Prendan sus celulares. Graben, filmen, saquen fotos. Queremos compartir esto con todos ustedes”. La frase se repitió cientos de veces en espacios poco usuales a este pedido: salas de teatro. “Así como a la entrada les pedimos que los apaguen, ahora les pedimos que los prendan”.
Que los prendan, que se encienda, que se multipliquen las formas de comunicación y de denuncia ante el cerco mediático que desde diciembre a esta parte viene implementando y profundizando el macrismo: la intervención del AFSCA, el despido de periodistas, el vaciamiento de medios y contenidos. El cese masivo de contratos a trabajadores de la cultura. La difamación política a artistas populares. Y en este caso puntual, la batalla por tergiversar un relato que nos constituye como sociedad: el del genocidio perpetuado por la última dictadura cívico militar.

Del dicho y del hecho
En enero de este año, el ministro de cultura porteño Darío Lopérfido sostuvo una conversación publica con Luis Majul y Edi Zunino en donde afirmaba que en la Argentina no había habido 30 mil desaparecidos. “Fue una mentira que se construyó en una mesa para obtener subsidios (…) si algún error cometió la dictadura militar fue no hacer un proceso legal”.
No conforme con estas polémicas declaraciones, el ex vocero de Fernando De La Rúa desde un balneario en Pinamar agregó que “hubo muertos por las dos bandas armadas, donde la población estaba en el medio”, abonando de esta forma a la llamada “teoría de los demonios” que a partir de un relato manipulador intentó, de los años ’80 a esta parte, justificar el terrorismo de Estado.
Sería al menos forzado leer en estas palabras ignorancia respecto del trabajo sistemático de diversos organismos que, desde hace más de 30 años, aportan su compromiso serio para favorecer la construcción de la memoria y la verdad en torno al período más cruel de nuestra historia reciente. No es posible concebir tremendo desconocimiento en un funcionario de la Cultura. No es, de ninguna manera, un no saber. Estas declaraciones se basan en un conocimiento profundo del período al que alude y de sus objetivos.
De esta manera, si decir es también una forma de hacer, presentando la mentira como una versión de la historia se intenta también estigmatizar determinados aspectos del presente. Refiriéndose al período anterior sostuvo que “hubo una exaltación de la violencia de los setenta desde el Estado” y “que la gente milite reivindicando los setenta es reivindicando la idea de muerte”. Militancia, violencia y muerte están tan estrechamente ligadas en estas declaraciones que no resulta entonces ilógico, a la luz de este discurso, que miembros de organizaciones populares empiecen a ser procesados.

La cultura que contesta
Las reacciones no se hicieron esperar. Los organismos de derechos humanos fueron los primeros en pronunciarse. Luego también, desde el ámbito de la cultura llovieron las respuestas. Durante los primeros días de febrero más de 250 artistas e intelectuales entre los que se encontraban reconocidas figuras de los ámbitos de la música, el teatro, la televisión y la literatura se unieron para firmar un petitorio reclamando la renuncia de Lopérfido como ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
El ministro, tampoco fue lento en defenderse: adjudicó estas reacciones a su discurso a “resabios de la época kirchnerista”.
Los meses pasaron, y si bien algunos funcionarios del oficialismo salieron a “despegarse” de las declaraciones de Lopérfido, su puesto como ministro de Cultura porteño no parece verse amenazado.
En este contexto, y luego de haberse cumplido cuarenta años del inicio de la dictadura cívico militar, es también desde los ámbitos culturales desde donde se practica la resistencia a este relato conservador y reaccionario.
Tenemos tradición. Las experiencias en los setenta de Teatro Abierto que fomentaban el debate y la construcción colectiva. Los grupos de vecinos -como los del barrio porteño Catalinas Sur- que desde mediados de los ’80 empezaron a organizar obras teatrales para repensar la historia. La experiencia de “Teatro x la identidad” que a inicios de la década pasada contribuyó recrear la estrecha relación entre arte y política haciéndola jugar a favor de una causa urgente: la recuperación de la identidad de los niños apropiados en dictadura.
Y en esta coyuntura, fieles a la tradición teatrera de anuncio y denuncia, varias compañías comenzaron a utilizar el escenario como un espacio de comunicación política. Ante los dichos de Darío Lopérfido, sumando sus voces al pedido de renuncia como ministro de Cultura, piden al final de cada obra que el público prenda sus celulares. Que filme y multiplique.
Como uno de los primeros productos, un video comenzó a circular dando cuenta de estos testimonios. Allí se pueden ver y escuchar a algunas de las compañías teatrales comprometidas en esta tarea: Los corderos, Prueba y Error, Francotiradores, Lima Japón Bonsai, Esplendor, Lobo te amo, Solos y Cachetazo de campo.
“En este momento otras compañías en otros teatros están haciendo lo mismo que nosotros. Volver a escuchar un fragmento del reportaje a Darío Lopérfido (…) Los trabajadores de la cultura de Buenos Aires no vamos a convalidar con nuestro silencio que un ministro de Cultura ofenda a las víctimas del terrorismo de Estado. Nos solidarizamos con abuelas, madres, familiares e hijos de detenidos desparecidos. Y siguiendo su ejemplo lo declaramos persona no grata”.
Actores, directores, productores y escenógrafos que luego de cada función transforman el teatro en un canal de diálogo, escucha y resistencia. Son cada vez más las obras que están sumándose a esta forma de decir que lo que se quiere decir no tiene espacio en los grandes medios pero si en los pequeños escenarios. Son trabajadores de la cultura repudiando a su ministro y exigiendo su renuncia.

Fuente: Notas

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