CHE, LA SOSPECHA CONFIRMADA

El ‘Che’ tiene entre 25 y 30 años. Es un hombre de aproximadamente 1,80 metros de alto y alrededor de 75 kilos. Es más bien bajo, fornido y fuerte, que magro y fibroso. Tiene cabello castaño y lleva barba y bigote (…) El otro rasgo físico notable del ‘Che’ es su suciedad. Odia bañarse y nunca lo hace. Es mugriento, incluso para los estándares bastante bajos de pulcritud que rigen en las fuerzas de Castro en Sierra Maestra (…) El ‘Che’ es bastante intelectual para ser un ‘latino’”, se lee en uno de los documentos de la CIA, recopilado por los abogados estadounidenses Michael Ratner y Michael Smith en su último libro Quién mato al Che, cómo logró la CIA desvincularse del asesinato , editado recientemente (Planeta y Paidós). Michael Smith vino a Buenos Aires a presentar el libro y entonces contó en esta entrevista cómo nació la idea de esta publicación cuando llegaron a sus manos documentos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en los que se demuestra que fue la CIA la que dio la orden de asesinar al Che en Bolivia.

 

–¿Cuáles fueron las principales motivaciones para escribir este libro?
–Cuando recibimos los documentos y los leímos, así como la bibliografía y las biografías sobre el Che, nos dimos cuenta de que aunque sospechábamos, como la gente de la Argentina y Cuba, que la CIA lo había asesinado, hasta que escribimos el libro no se podía demostrar. Estos documentos prueban que el gobierno de Estados Unidos, especialmente la CIA, junto al Estado cliente de la dictadura militar de Bolivia, asesinaron al Che. Veintiún hombres de los 23 líderes del Ejército boliviano fueron entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá. La Revolución Cubana devolvió la propiedad de la tierra al pueblo y fue el Che Guevara quien escribió la primera reforma agraria. Antes de la Revolución, un típico campesino vivía en una choza, trabajaba sólo por temporada, era analfabeto y siempre estaba enfermo. En represalia, el gobierno de Estados Unidos comenzó con el bloqueo y aquellos países que no estuvieron de acuerdo con el aislamiento a Cuba pagaron un precio muy alto: cinco gobiernos democráticos fueron derrocados, primero en Bolivia, después en Brasil, luego en Uruguay, en Chile y en la Argentina y las dictaduras que les siguieron fueron respaldadas por Estados Unidos.

–¿Cómo consiguieron los documentos?
–Los conseguimos porque Michael Ratner los solicitó en 1990 en virtud de la Ley de Libertad de Información, cuya premisa era que los documentos producidos por un gobierno democrático les pertenecían al pueblo. Al tiempo le llegó a Michael una caja enorme de documentos del FBI, de la CIA, del Departamento de Defensa y de la Casa Blanca. Publicamos este libro en inglés hace 3 años. Y ahora se tradujo al castellano.

–El prólogo del libro es de Ricardo Alarcón, que hasta el año pasado fue el presidente del Parlamento Cubano, ¿llegó el libro a manos de Fidel o Raúl Castro?
–Estoy seguro de eso. Debby (mi mujer) y yo conocemos a Ricardo, nos encontramos con él el año pasado cuando todavía era el presidente del parlamento. Entonces el gobierno cubano tradujo este libro y ahora está haciendo una edición económica para el pueblo.

–Ustedes dicen en el libro que desde que fue creada la CIA en 1947 actúa como una organización paramilitar y que el gobierno de Estados Unidos estuvo involucrado en otros asesinatos de líderes políticos en los 50 y 60. ¿Cómo lo demostraron?
–Cuando la CIA fue creada, su tarea era la de proporcionar servicios de inteligencia al presidente. Un año después, en 1948, su misión cambió totalmente cuando se le permitió realizar muchas operaciones ilegales, que tenían que ser realizadas en secreto porque justamente estaban fuera de la ley. Debían hacerlo de una manera en que la CIA pudiera luego negarlas, y lo hicieron a partir de la negación plausible que es un concepto orwelliano para mentir. En 1975, el senador Frank Church le preguntó a Richard Helms, que era el líder de la CIA en ese momento, si alguna vez le habían informado al presidente sobre lo que habían hecho y Helms le dijo: ‘No, no queremos ponerlo en ninguna situación embarazosa’. Entonces tenían cierta autonomía para actuar. En cuanto a los asesinatos, nos basamos en el libro de William Bloom Matar la esperanza , en el que se relata que desde 1948 hasta 1967, cuando asesinaron al Che, la CIA mató o intentó matar a líderes de 19 países.

–En los documentos que ustedes reproducen hay una extensa descripción del Che que demuestra la mirada que la CIA tenía sobre él…
–Cuando el Che estuvo en Sierra Maestra, un infiltrado de la CIA estuvo con él en el campamento por una semana y luego escribió un reporte que está entre los documentos: dijo que el Che apestaba, que fumaba grandes cigarros, que todas las noches les leía a sus hombres y que parecía demasiado inteligente para ser latino.

–¿En qué medida fueron útiles las biografías ya escritas sobre el Che?
–La biografía que ha sido de mayor ayuda para nosotros fue un libro escrito por un ex diplomático estadounidense llamado Foz Buterfly Ryan que fue profesor en la Universidad de Georgetown en Washington y que tenía muchas conexiones con muchos miembros del Senado y del Congreso y que pudo recibir muchísimos documentos que luego nosotros utilizamos. Su conclusión fue que Estados Unidos quería al Che muerto y que se regocijaron con este asesinato, pero se mantuvieron al margen como Poncio Pilato. Creo que su libro fue excelente y lo agradecemos, pero creemos que no entiende de manera completa el proyecto del imperialismo estadounidense, la venalidad de la CIA. Otras biografías como las de Taibo, Castañeda y Jon Lee Anderson fueron de gran ayuda.

–Ustedes dicen también que el interés de Estados Unidos era que no se propagara la revolución en América Latina, por eso la muerte del Che Guevara era uno de los “intereses de Seguridad Nacional” clave para los Estados Unidos.
–Históricamente la CIA ha estado cercana a los intereses estadounidenses, especialmente sobre el petróleo. En los documentos se lee cómo Walt William Rostow, uno de los asesores más cercanos al presidente Lyndon Johnson, le escribió una carta y le dijo: ‘Las tropas que entrenamos fueron quienes capturaron al Che Guevara’. Luego de que mataron al Che, lo llevaron a Valle Grande y pusieron su cuerpo en el piso, en el sótano de un hospital y lo exhibieron para una conferencia de prensa, lo llevaron atado al ala de un helicóptero. Luego le cortaron las manos y las llevaron a Virginia, a la sede central de la CIA, para analizar sus huellas dactilares y se las comparó con las que tenía la Agencia de Inteligencia, que habían sido proporcionadas por el gobierno argentino. Rostow –con papel membretado de la Casa Blanca– le escribió otra carta al presidente Johnson en la que le decía que no había ninguna duda de que el Che Guevara estaba muerto. Félix Rodríguez, otro agente de la CIA, fue quien localizó al Che en Bolivia y quien trasmitió la orden de matarlo. Sin embargo, dijo ‘no pude hacer nada, no lo pude impedir’, lo cual es ridículo porque él era el oficial con mayor rango, el gobierno boliviano era un cliente del gobierno estadounidense. Esta historia de que Estados Unidos no pudo hacer nada para evitar el asesinato fue justamente el pretexto que movilizó la publicación de este libro, porque era ampliamente aceptada en algunos círculos, incluso en espacios de izquierda.

Fuente: Revista Ñ

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