BUEN DÍA, RIGOBERTA

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10 breves apostillas sobre lo que fue la visita de Rigoberta Menchú Tum a Buenos Aires. O sobre lo que es ver cara a cara a una Premio Nobel, que, en realidad es una simple mujer maya y guatemalteca. Simple, luchadora y valiente.

1- Estos son los datos fríos del genocidio guatemalteco, sin detenernos en el llanto de cada víctima, el soldado que le tapaba la boca a una nena mientras su compañero la violaba, las flores apiladas en un ataúd vacío, o la radio que quedó encendida en una casa: 200.000 víctimas, 446 masacres colectivas y 3.000 fosas comunes. Sólo el 30% de ellas fueron exhumadas. El 80% de los muertos, mayas.
2- Todo eso sucedió entre 1960 y 1996: 36 años de guerra civil. Rigoberta Menchú la vivió. En 1979, su hermano Patrocinio, que trabajaba en una finca de café, fue asesinado por el Ejército. En enero de 1980, mataron a su padre, Vicente, durante la toma de la embajada de España. A la mamá, la secuestraron en abril de ese mismo año: todavía no apareció. Y en 1983, de nuevo las Fuerzas Armadas le quitaron la vida a otro de sus hermanos, Víctor. Ella se salvó.
3- Esa mañana en que la fui a ver, estaba ahí, en el ECuNHi, donde antes era la ESMA. Brindó una conferencia, breve, jugosa. En un lugar que cobijó tanta muerte, una persona increíble hablaba de más muerte. Y como entre negativos se anulan, todo allí, todo ese momento hablaba de la vida. De lo linda que es la vida. De la lucha, la vida.
4- Contó, como si fuera un cuento: “Los mayas nos preguntamos si debemos seguir haciendo exhumaciones. ¿Por qué? Porque nuestra tradición dice que los muertos deben quedarse donde están. Pero, a la vez, dice que deben tener un entierro digno. Si no los enterramos dignamente, ellos no podrán nunca culminar su proceso de paso a la trascendentalidad, que dura 260 días. No sabemos qué hacer”.
5- Está vestida con un huipil floreado. Para los mayas, la vestimenta siempre fue un medio de comunicación, y lo sigue siendo. Cada municipio, en Guatemala, es representado por un huipil diferente. El de Rigoberta es floreado, muy vistoso, porque ella es de San Miguel Uspantán, me cuenta una compatriota que está en la sala. Ella, en cambio, tiene otro, naranja, que representa otro lugar del país. Ambas llevan fajas también, de diferentes colores, grosores. Y sandalias. Cuando, en el Siglo XVI, llegaron los conquistadores, las mujeres mayas iban desnudas. Pero los religiosos consideraron que esa costumbre, tan antinatural, iba contra la moral española. A partir de entonces, nació la prenda que lleva puesta Rigoberta.
6- Sigue contando: “Después de que gané el Premio Nobel, en 1992, Adolfo Pérez Esquivel me ayudó mucho. Porque, ¿Qué hacemos con un Nobel, para qué sirve? Él ya había trabajado intensamente para que mi candidatura recibiese adhesiones y luego del premio, colaboró para crear mi fundación. No sabíamos lo que nos esperaba en el camino; sólo teníamos una visión de lo que había sido el conflicto armado en Guatemala. Hoy, tantos años después, nos une el compromiso de no olvidar a las personas que lucharon por una sociedad más justa, por la transformación, los ejecutados por pensar, por opinar, por escribir un artículo, por tener ideas, por tener afiliación política. ¡Qué horror! Ese pasado no puede quedar en el olvido”.
7- Más: “Aprendí mucho de Abuelas, no tenía maestros mejores que ellas. También las Madres, en sus distintas manifestaciones. Para mi generación, son nuestras abuelas, nos enseñaron a luchar contra la impunidad, día y noche, y por toda la vida”. Pienso en ese momento en Sueño con serpientes, la canción de Silvio Rodríguez, y en la frase de Bertold Brecht que la inicia. Hay hombres que luchan un día…
8- El momento es, además, de una profunda unión latinoamericana. Cuando termina la charla, una adolescente chilena aborda a Rigoberta, le pide si puede firmar un petitorio contra la criminalización de la lucha mapuche. Ella le cuenta que, con Evo Morales, está pensando en formar una plataforma continental, que abarque los retos y desafíos que implican el cuidado de la tierra y el desarrollo de la minería. Se acercan guatemaltecos: “una foto con los chapines”, le piden. Otra mujer, de Uruguay, le dice: “Siempre la anduve persiguiendo. Mire dónde me la vengo a encontrar…”.
9- También se acerca un hombre de Italia.
-“Yo te vi a ti en la arena de Verona, con el Padre Turoldo”.
-Qué linda persona el padre, lo extrañamos…
(David María Turoldo era un cura y poeta. Le decían “La conciencia inquieta de la Iglesia”. Escribió: “Guerra è appena il male in superficie / il grande Male è prima / il grande Male / è Amore-del-nulla”).
10- Se va Rigoberta. Antes, el mismo italiano le contó que ahora vive en Guatemala, que está ayudando al alcalde de Quetzaltenango en un proyecto para reciclar la basura. De esa misma ciudad habla Cortázar, el nicaragüense, el vecino, en “Lejana”. De lucha y de personas como Rigoberta está hecho este hermoso continente.

Fuente: Nos digital

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