Bolivia. Un viaje por las contradicciones que por ahora no se convierten en tensiones creativas.

0 bolivi auto y esvástica

por Oscar Ruiz de Huidobro

Cuando salí de La Paz rumbo al cabildo de Cochabamba no pensaba hacer una crónica que empiece con descripción de pintadas. A poco de andar cerca de la Embajada de México vi un muro con una enorme pintada prolija. Confieso que me llamo mucho la atención el contenido. Más que una pintada, parecía una declaración de guerra: “Mi voto vale, indios de mierda” Me dije esto tiene que conocerse en un país donde más del 60% es originario la minoría blanca impone su racismo. A partir de eso, mis ojos – que se mantienen mirando porque no estoy cubriendo la movida en Chile – empezaron como a querer inventariar todo. No sé si pude.

“Evo Cabrón”. “Dios es el camino”. Dura realidad. “Evo narco”. “Dios manda”. Ya no sé cuál afrenta es peor. “Evo dictador”. “Dios es la luz”. Listo. Ya es demasiado. Más que propaganda y agitación es fundamentalismo. El ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels resucitó fuertemente en la Bolivia urbana. El fascismo va por todo. Esto no es joda.

Más en la periferia y en entradas de los pueblos el menaje cambiaba. “coya de mierda”. “indio no te queremos aquí”. “coya no eres boliviano”. “coya eres vago”. “chola sucia”. “mantenidos”. “borrachos”. Aquí no pintaban empresas de propaganda electoral y ahora de agitación fascista. En la periferia pretendían que todo parezca escrito con “espontaneidad”. La escritura tenía una forma deliberadamente popular y hasta con errores de ortografía. Cuadras y cuadras estaba lleno de meta mensaje de odio racista bien definido. Había una que otra pintada a favor de Evo. Pero a la gran mayoría de ellas, le taparon el nombre y le habían puesto la esvástica encima. La supremacía blanca se hacía notar.

En la Ruta 1 antes de agarrar la 4 todos los autos tocaban bocina porque adelante iban dos gringos que no eran gringos. Eran más porteños que el tango, pero los devenidos en arios no lo sabían. Vimos cosas que no creíamos. Pasó un auto con la bandera cruceñista y una esvástica. Unas cuantas 4×4 con gente atrás en la caja con bandera de las “SS”. En algunas camionetas con logos de ONGs pasaban unos barbudos con pañuelo en la cabeza y anteojos “Rayban”. Estoy seguro que eran de las Fuerzas Especiales de la Sexta Flota. Esos no saludaban miraban y escrutaban todo con profesionalismo. Metían miedo. Nuestras cámaras estaban guardadas porque la Ruta 1 era territorio enemigo.

Por fin llegamos. 379 km y más de 6 horas de viaje habían quedado detrás. La propaganda y agitación goebbesliana estaba también atrás. Pueblos y costumbres ancestrales, rincones con paisajes deslumbrantes. Buscamos a nuestro contacto. No pregunto si conocíamos algo. Nos habló de Aiquiles la capital del charango. Nosotros queríamos ir a Sacaba la capital del Chapare. Nos dijo “ahísito está” “yo voy caminando” Eran solo 13 kilómetros al este. Le hicimos lugar y lo subimos para que nos indique el camino y abra puntas. Llegamos rápido.

De lejos vimos la marea humana. A más de un mes del derrocamiento de Evo hay una multitud de hermanos y hermanas del Tahuantisuyu en una Asamblea que le llaman “Cabildo”. Ellos y ellas, con su acullico alimentan la cultura ancestral de la coca. Las ruanas de mágico telares pareciera que mecen sola a las “guaguas” en las espaldas de la “cholita”. Los hijos e hijas del bronce con sus grandes ojos negros te enfocan hasta los huesos. Las “polleras” con algunos dientes de oro reparten tamales, raciones de mote y hasta sopa de maní, con el maní licuado, los fideos tostados, verduras y carne. Hacía 10 días la represión embosco a los chaparense en el puente que divide Chapare de Cocahabamba. Allí fueron asesinados 9 cocaleros. Esa herida no cierra. Todavía sangra.  Se ve gente parca y de dura mirada con bultos a la altura de la ingle. Están armados. No es necesario preguntarles nada. Se nota cuando se mueven o se sientan en alguna piedra a la sombra. Hay una mezcla rara de miedo y coraje indómito.

Miles y miles de cocaleros, muchos mineros y delegación de ponchos rojos son una marea infinita que se mueve lenta pero firmemente cambiando el pie de apoyo para aguantar la Asamblea. El coraje fluye y la consigna sube “Guerra civil… Guerra civil…” el sabio puka inti se esconde detrás de una nube negra y oscurece aún más la piel del cobre. Pareciera que el sol rojo con su sabiduría cósmica reconoce que por falta de armas y preparación no se podrá hacer nada. Pero en Chapare nunca se sabe.

Un orador en mangas de camisa celeste y con la sonoridad de “El Evo” articula la palabra con la denuncia de siglos “En nombre de Dios quemaron la Wihpala. En su nombre nos están baleando. Con su Biblia nos están matando”. Dice y el pueblo originario ruge. “Si nos quedamos quietos, las hermanas y hermanos asesinados, que aparte de los de aquí suman más de 23 habrán muerto en vano” la pausa logra que miles de pumas afilen sus garras y colmillos sedientos de sangre fascista. Me atrevo a decir que no pasará nada. El reflujo viene bajando la fuerza de la marea. Los diputados y senadores del MAS están negocian una salida sin Evo, ni Álvaro.

Una hermana originaria explota el silencio y le saca agua a la piedra: “dicen que vivimos casi 14 años en dictadura. En todos esos años “el Evo” no mató a nadie. Esta mujer que los “milicos” pusieron en menos de 20 días asesino a 30 hermanos y hermanas… Que vamos a hacer hermanos y hermanas”. Pregunta. El interrogante sube y baja por la marea de pueblo alzado y la respuesta no llega. El coordinador del Cabildo hábilmente enfría el rugido del puma colectivo y propone “unidad desde abajo para organizarse combatiendo”. Gana tiempo para buscar la mejor respuesta que ponga de rodillas a la dictadura y al fascismo.

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