Bolivia: Golpe vs Democracia. Evo Morales y su encrucijada histórica

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por Alejo Brignole*.-

Este es un momento singular para América Latina, ya que brinda la oportunidad de analizar la realidad con una transparencia infrecuente. Nos permite apreciar cómo funciona el mundo, o mejor dicho, cómo lo hacen funcionar los dueños del mundo. Basta para ello hacer un simple ejercicio comparativo que consiste en observar los disturbios –la rebelión popular– en Chile, a la par que vemos avanzar también una revueltas presuntamente populares en Bolivia. La diferencia entre ambas es que en Chile los manifestantes –los que salieron a la calle para concluir una etapa nefasta– son los excluidos del sistema. Los que no participan de ninguna justa distribución de la riqueza y por décadas fueron los sometidos de las clases ricas, de las élites que administraron Chile como un verdadero feudo privado y excluyente.

En Bolivia, por el contrario, ya no existen masas sometidas por oligarquías ni hay motivos de peso para reclamar un Estado más justo o una sociedad más igualitaria. Tal y como decía el filósofo estructuralista Herbert Marcuse: “la realización anula la premisa”. Si hay derechos y justicia social, los reclamos se diluyen. Y en Bolivia ese ejercicio de igualación ante la ley y los derechos ya fue realizado desde el año 2009 cuando se fundó el Estado Plurinacional. Un Estado imperfecto, sin dudas, con desafíos parcialmente irresueltos en diferentes esferas como la salud, la educación, el pleno empleo y un largo etcétera. Sin embargo, es la primera vez que se concreta en el país un proceso duradero y exitoso de inclusión social, desarrollo económico y ampliación de derechos colectivos sin marginar a ningún sector. Pero a pesar de ello –y en las antípodas de una sociedad asimétrica como la chilena– vemos aflorar protestas masivas. ¿La razón de este fenómeno?… La manipulación exógena planificada, que intenta derribar un peligroso ejemplo multiplicador para la región. Una región que está en disputa para poder seguir nutriendo el bienestar de los países ricos. Poner en duda la legitimidad institucional del MAS y su Gobierno se ha convertido en una toxina eficaz para inocular a un pueblo que fue satisfecho en todas su demandas. Ya no hay reclamos por hambre, por segregaciones racistas o atropellos autoritarios a cuenta del capitalismo. Eso ya fue subsanado. Ahora las preocupaciones resultan más abstractas, y es allí en donde entra en juego una falsa dialéctica imperialista que nos habla de democracia cuando es esa misma dialéctica (y praxis) la que la vulnera. ¿Por qué Estados Unidos, el gran destructor de los derechos humanos en todo el mundo, nos viene a hablar de democracia? Esa sería un muy buena pregunta inicial que los seguidores de Carlos Mesa o Luis Fernando Camacho deberían hacerse si realmente les complace el ejercicio crítico.

Entre Chile y Bolivia surge entonces aquella dualidad tan transparente y quizás desconcertante –dos sociedades alzadas pero de realidades contrapuestas– que nos permite visualizar la esencia misma del funcionamiento sistémico. O siendo ya más específicos, cómo funcionan los países sumergentes y sus premisas hegemónicas para disciplinar a las periferias.

Mientras el pueblo chileno sale a las calles reclamando un sistema más justo que incluya el agua, la educación y la salud como derechos básicos hoy negados por una Constitución leonina desde una perspectiva democrática, la prensa mundializada (con intereses comunes también mundializados) calla, desinforma y omite analizar la validez de esas protestas multitudinarias. El momento histórico que hoy atraviesa Chile se halla silenciado de manera infame. Basta consultar la prensa internacional para corroborar esta afirmación. [1]

Bolivia, en cambio, inmersa en un proceso virtuoso desde hace más de una década, se halla en el foco de las miradas mediáticas internacionales. Un país con índices democráticos que lo colocan en la cúspide global en materia de DD.HH y distribución de la riqueza, es hoy cuestionado por la prensa asociada a los países ricos. Los países sumergentes –que sumergen al resto para mantener a flote su propio bienestar– señalan a Bolivia bajo una lupa distorsionada para intoxicar a la opinión pública mundial. Todo ello mientras en Chile un genocida económico y social como Piñera comete delitos contra la población de manera impune sin que haya denuncias de organismos globales ni condenas claras.

En el caso boliviano, esta atención se comprende si entendemos que es Estados Unidos el principal actor desestabilizador y financiador de las protestas, través de mecanismos que analizaremos más abajo. Es por esta acción planificada desde las usinas estratégicas con sede en Washington, que ciertos sectores indígenas promueven la destitución del único gobierno que en 500 años de historia nacional luchó por la dignidad de los pueblos originarios hasta emanciparlos. Y lo hizo para una igualación total, cambiando los paradigmas de una sociedad racista, dividida por privilegios y por castas.

He aquí la transparencia de este momento actual: nos permite ver sobre qué lado de la balanza se apoya el mundo. Permite, en una palabra, apreciar el lado oscuro del sistema actual. Muestra con claridad que la prensa hegemónica y la diplomacia oficial (las Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la OEA entre ellas) trabajan para mantener los mecanismos más viles para los pueblos, para que sigan soportando los abusos de un capitalismo vertebrador sin salirse del esquema planteado por los poderosos. Por eso un humanista como Evo Morales resulta un estorbo, mientras que los crímenes de lesa humanidad de Sebastián Piñera, o del colombiano Iván Duque, por caso, son silenciados para que el mundo no los conozca. O los conozca poco y así no puedan ser juzgados en toda su criminal dimensión.

Para aquel que crea que hoy en Bolivia hay un “primavera democrática” para remover a un presidente ilegítimo, vamos a proponer aquí una revisión de lo que se esconde detrás de estas manifestaciones callejeras. Mostrar la arquitectura construida con paciencia, dinero y apoyo externo norteamericano para boicotear el período más luminoso de la historia boliviana desde su independencia en 1825.

Deberíamos empezar hablando de la NED, siglas que corresponden a la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy en inglés) organismo creado en 1983 a instancias del Congreso estadounidense, para articular las estrategias necesarias en diferentes escenarios políticos mundiales según la agenda de Washington. Los principios supuestamente rectores de la NED son promover la democracia liberal en el mundo y formar los llamados “agentes de cambio” en las respectivas sociedades.

Por supuesto esto debe leerse en clave geopolítica. Los agentes de cambio no son otra cosa que grupos de personas entrenadas –muchas veces en territorio estadounidense– para la desestabilización política y al agitación social direccionada a los intereses marcados por la coyuntura estratégica del Departamento de Estado. Si analizamos la actuación de las guarimbas en Venezuela, o los disturbios en Nicaragua en 2018 para derribar a Daniel Ortega, –siempre en nombre de un concepto democrático uniformador e impuesto desde afuera–, entenderemos cómo funcionan estos operadores.

Esta suerte de vanguardias ideologizadas tras un capitalismo totalizador, constituyen en realidad una reserva política latente que recibe flujos de dinero, asiste a cursos y se beneficia con becas en todos los países de nuestro hemisferio. Viajan a territorio estadounidense y son mencionados como “guardianes de la democracia” y otros espejismos dialécticos como herramienta de manipulación psicológica. Una vez formados y debidamente instruidos, esperan la orden para salir de su letargo y actuar según los requerimientos de las respectivas embajadas estadounidenses en sus países.

La inteligencia boliviana siempre supo que estas plataformas operan y serían usadas para desestabilizar al país cuando la coyuntura pareciera propicia, tal como intentaron en 2008 generando un conflicto secesionista en el Oriente del país.

Otras mal llamadas Revoluciones de Colores, como fueron las de Yugoslavia, Georgia en 2003, Ucrania en 2004 o Kirguistán en 2005 y 2010 junto a las Primaveras Árabes, cada una con sus matices, deben analizarse bajo este prisma. Ya Entre 2004 y 2007, la USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (United States Agency for International Development, en inglés) financió en Bolivia una serie de programas y reclutó agentes sociales para “reducir tensiones en áreas propensas a conflictos sociales”. Dicho de otro modo, para evitar el ascenso de estamentos campesinos e indígenas y amortiguar la influencia y el alcance de los movimientos sociales entre la población. Años más tarde serían los movimientos 21-F, Bolivia dice NO y Resistencia Civil los emergentes de esos financiamientos estratégicos estadounidenses. Atento a ello, el presidente Evo Morales decidió expulsar en 2008 al embajador de EE.UU (por entonces Philip Goldberg) y a la agencia antidrogas D.E.A debido a sus implicaciones en programas desestabilizadores. Cientos de ONG’S también financiadas desde distintas estructuras paragubernamentales norteamericanas fueron invitadas a dejar territorio boliviano. En el año 2013 decidió también expulsar a la Agencia de Cooperación USAID por las mismas razones intervencionistas. Decisiones políticas muy acertadas dentro del proceso de cambio, pero incompletas, dado que operadores estadounidenses siguieron reclutando agentes de cambio en el país a través de diversas fachadas.

No resulta un dato menor señalar que la Fundación Nacional para la Democracia (NED) cuenta con un presupuesto anual de casi 150 millones de dólares para alentar operaciones mediáticas o movilizaciones sociales a sueldo como las ocurridas en Venezuela a partir 2013.

En aquel país, fue la muerte de Hugo Chávez el disparador para iniciar la escalada de violencia callejera y efervescencia opositora diseñada por la NED de manera subterránea. De forma análoga, en Bolivia se estaba esperando un ajustado triunfo de Evo Morales y el MAS-IPSP para que pudieran irrumpir las condiciones mínimas que permitieran forzar un reclamo popular artificialmente dimensionado.

Sobre estas operaciones encubiertas, han salido recientemente a la luz algunos audios y documentos reveladores que demuestran injerencia golpista de la embajada estadounidense y sus financiamientos. Algunos de estos documentos vinculan al miembro de la oposición y residente estadounidense, Carlos Sánchez Berzain, con un plan para derrocar al presidente Morales. Hasta se puede corroborar el dinero estadounidense aportado para ejecutar el golpe: medio millón de dólares para gastos operativos, de movilidad y propaganda para que agite a la población en contra del Gobierno. Por su parte Donald Trump asignó 100.000 dólares a la consultora CLS Estrategies, con sede en Washington, que cuenta con la mayor base de datos de bolivianos dentro y fuera del país, para ampliar su rango de operaciones y acelerar el proceso de descrédito al Gobierno de Bolivia.

La totalidad de los audios, que son 16 fragmentos de conversaciones telefónicas, junto a los informes y transcripciones de las escuchas, se encuentran en el portal https://bbackdoors.wordpress.com/2019/10/08/us-hands-against-bolivia-part-i/ [2] y el contenido es coincidente con el discurso del Gobierno boliviano que denunció un golpe de Estado en marcha. Incluso el presidente Evo Morales afirmó días pasados tener las grabaciones.

Dentro de esta ofensiva hemisférica pergeñada por Estados Unidos y sus halcones (articulada oficialmente por Lenín Moreno en Ecuador, Bolsonaro en Brasil, Jimmy Morales en Guatemala o Nayib Bukele en El Salvador, entre otros) Bolivia representa un obstáculo primordial dentro del ajedrez regional. El Estado Plurinacional ha significado una columna contumaz que no permite el derrumbe del ciclo progresista iniciado en esta centuria. Los otros pilares aún más irreductibles son Cuba y Venezuela, los verdaderos puntales que sostienen un edificio soberano que se niega a ceder. Por estas y otras razones, hoy vemos en Bolivia este despliegue brutal de sectores claramente manipulados (desclasados diría Marx) cuyo objetivo final es instaurar un gobierno funcional a la agenda estadounidense para este siglo XXI. Y aunque esta avanzada ciertamente siniestra para el futuro de Bolivia tiene varias etapas de ejecución y concreción, someramente podríamos señalar que busca instalar en su primera fase una sede del gobierno paralelo o “de transición”, el cual se establecería en Santa Cruz de la Sierra. ¿Su intención?… Consolidar la división social, una grieta para dividir el país en dos frentes; uno en Occidente y otro en Oriente. Ello finalmente generaría las condiciones adecuadas para una polarización territorial –ya intentada en 2008– que abone una posible guerra civil.

En uno de los audios que salieron a la luz pública, se escucha a Manfred Reyes Villa (ex gobernador de Cochabamba) en una conversación con personas que no pudieron ser identificadas, a quienes les recuerda que hay un compromiso de los senadores estadounidenses Marco Rubio, Bob Menéndez y Ted Cruz para promover sanciones económicas contra Bolivia, si acaso Evo Morales permanece en el poder tras el 20 de octubre. También estarían implicados en la trama estadounidense varios ex militares bolivianos de alta graduación, dispuestos a operar para Washington en una asonada cívico-militar.

De todos modos, y pasando por alto los detalles ocultos que vertebran esta orquestación imperialista, resulta claro para el observador medianamente crítico, que se repiten los protocolos desestabilizadores puestos en auge desde hace más de una década en otros países. Incluso el perfil que tiene Luis Fernando Camacho –el más agresivo opositor que lidera las revueltas populares– resulta muy similar al de golpistas como Henrique Capriles o Juan Guaidó en Venezuela. Hasta comparten una misma estética –jóvenes de aspecto atlético, gorra tipo béisbol y poleras de cuello muy al uso de las clases medias estadounidenses–.

Todos ellos son, en realidad, el subproducto colonial de una matriz igualadora norteamericana que ha sabido resolver con perversa inteligencia los nuevos mecanismos de dominación sin recurrir a los cuarteles. Ahora es la propia sociedad, primero aturdida y desinformada –y luego enardecida– la que pide el regreso de los emisarios coloniales y sus antiguos verdugos. Quizás el desafío boliviano actual resida en comprender cómo era la sociedad antes de Evo Morales, y cómo es ahora tras trece años de un proceso único en la historia latinoamericana que, aunque plagado de defectos, ha cambiado los paradigmas de toda una sociedad, democratizándola.

Como reflexión necesaria, lo que sí ha quedado demostrado es la capacidad de espera sutil y agazapada que posee el intervencionismo estadounidense. Un intervencionismo que apuesta a largo plazo, que despliega recursos, crea escenarios silenciosos y los sostiene hasta hacerlos estallar cuando ve la oportunidad. En Bolivia y tras el cuarto triunfo del MAS-IPSP, creyó ver un escenario idóneo para cancelar una muy molesta –para los intereses estadounidenses– etapa soberana. Pero difícilmente lo logrará. A pesar de las manipulaciones, el pueblo boliviano, sus mayorías redimidas, han sabido aprender la lección.

[1] Visitando el portal que reúne las portadas de todos los periódicos mundiales: http://www.kiosko.net

[2] Para ver los contenidos en castellano, ir al link: https://postcuba.org/embajada-de-eeuu-en-la-paz-su-accionar-encubierto-en-apoyo-al-golpe-de-estado-contra-el-presidente-evo-morales/#.Xb5Oi9JKiM

*Escritor, ensayista y analista internacional, miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

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