AVANZA LA LEY DE TIERRAS

 

Por La Tribuna de los Sin Voz

La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, finalmente envió el proyecto de ley para “la protección del dominio nacional de las tierras rurales” al Congreso. De este modo, la lucha histórica de muchas organizaciones y movimientos campesinos de todo el país comienza a capitalizar sus logros y alcances: el proyecto de ley contempla, entre otras cosas, la creación de un registro único de tierras rurales que permita ejercer un mayor control y seguimiento, un límite del 20% de la totalidad del territorio nacional en manos de capitales extranjeros y reduce a 1000 el límite de hectáreas por propietario extranjero.

En el marco del envío de la Ley al Congreso Nacional, la Presidenta señaló que esta ley es «una demanda de fuerte contenido nacional, porque es la protección de un recurso no renovable» y señaló la importancia de la creación de un registro único de las tierras rurales porque en Argentina existe un «profundo déficit de información sobre cuál es el estado dominial de las tierras rurales porque los registros de propiedad son provinciales».

Si bien la ley sería, para la Presidenta, un modo de proteger el patrimonio nacional, vale aclarar que ésta no afectará a las propiedades ya adquiridas, a los que compraron tierras antes de la puesta en acción de esta nueva reglamentación.

El modelo de dicho proyecto tomó como ejemplos las leyes implementadas por Brasil, Canadá, Estados Unidos, Francia e Italia que establecen límites severos a la venta de sus tierras a propietarios extranjeros.

Lo cierto es que, extranjeros o no, nuestro país ha vendido gran parte de su territorio a manos privadas, sin tener en cuenta la presencia de recursos naturales, pueblos originarios y comunidades rurales dentro de las tierras vendidas.

Hoy, la lucha de los campesinos y originarios es por el derecho legítimo a ser dueños “legales” de las tierras que ocupan y trabajan. Pero además, un nuevo modelo de tenencia de la tierra debería ser el puntapié inicial para replantear el modelo productivo hegemónico en nuestro país, que expulsa a los campesinos, asesina a los originarios y atenta contra el derecho del pueblo a la alimentación.

Queda un largo camino por recorrer para acercarnos un poco a una reforma agraria integral, pero los logros que el movimiento campesino indígena viene alcanzando nos dibujan un panorama cada vez más prometedor para quienes sueñan con el territorio en manos de quienes lo viven y lo trabajan y los alimentos en manos del pueblo que lo produce.

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