ASESINOS FEDERALES

 

El gatillo fácil otra vez, como una enfermedad incurable de nuestra –aunque nos cueste asumirla como propia- Policía. Se repiten las excusas y los arreglos con el Poder Judicial. A los muertos, como no pueden declarar, les arman reacciones inventadas. El verano arrancó sangriento para la nueva plaza del barrio de Boedo. John Camafreitas fue asesinado por la Policía Federal.

Foto: Nos Digital.

La historia se da como tragedia y se repite, y se repite, y se repite, y se repite. La misma represión policial que fusiló a John Camafreitas el sábado 21 de enero en la Plaza Mariano Boedo, había golpeado, torturado y asesinado a su primo Marcelo Sepúlveda.
“Mi hermano había venido a Capital desde Moreno para ir a una fiesta con unos amigos. En la fiesta se pelean con otro grupo de chicos y apareció un patrullero por la avenida Independencia, por donde venía caminando tranquilo John. Por lo que me dice uno de sus amigos, el oficial les dio la voz de alto y el que manejaba el móvil se acercó para reducirlo. En ese momento se asustó y se fue, y luego se escuchó el tiro, que dice que se le escapó”, contó Ariel, el hermano, a las cámaras de televisión. “Son profesionales con muchos años de servicio y no saben cómo reducir a una persona. Es mentira que mi hermano forcejeó y les quiso sacar el arma, como dijeron”.
Delia Castro, madre de John: “Entre los grupos de chicos se empezaron a tirar botellas. La policía siguió a cada grupo. Martín Alexis Naredo, el cabo de la Comisaría 8va siguió a John, su primo Mauro y otro chico, que es el testigo. Les dio la voz de alto y, cómo John siguió caminando, el policía directamente le disparó a la nuca”. Las primeras versiones, no casualmente, hablaban de un disparo “en la cabeza”. Las imprecisiones tenían una intencionalidad. Supuestamente habían forcejeado, pero, “¿cómo le dieron en la nuca, entonces?”, inquiere Delia.
El padre agrega más: “Cuando a mi hijo lo llevaron al quirófano del hospital Ramos Mejía, lo desnudaron y colocaron las cosas que estaban secuestradas a un costado, en una bolsa. Luego apareció un policía que las agarró y dijo que las tenía que llevar a la comisaría”. Pero cuando al día fueron a buscarlas, en la seccional les dijeron que ahí no había nada. El juez a cargo de la causa, Pablo Ormaechea, ordenó que los peritajes los llevara a cabo la Gendarmería Nacional y, tres días después de la detención del cabo, dictó su excarcelación por “falta de mérito”.
El Ministerio de Seguridad creó una comisión para investigar este y todos los casos de abuso policíal, y echó de sus funciones a Naredo. “El Ministerio de Seguridad no admite exceso alguno en el uso de la fuerza pública. No habrá impunidad para ningún caso de gatillo fácil”, propagaron por Twitter. A continuación, prohibió la defensa del acusado por parte de abogados de la Federal.
Familiares de John se reunieron con Nilda Garré, la titular de la cartera, pero Delia Castro, que decidió asesorarse con la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional, no le encontraba sentido al encuentro: “¿Qué me puede decir la ministra?”.

Organizaciones sociales, políticas y culturales como el Centro Cultural El Surco, el Vientos del Pueblo, convocaron a actos para visibilizar el caso, exigir justicia y terminar con el gatillo fácil. Patricia Machado, comunera de Proyecto Sur, al programa radial En Ayunas, de Fm Boedo: “Hay una política de criminalización para la juventud porque están viendo potencialmente a un delincuente, por ser pobre. Laura Corvalán, del Frente para la Victoria, al mismo programa: “Fue claramente un caso de gatillo fácil. En este contexto político, donde estamos todos los días reclamando por memoria, justicia y verdad, esto ya no tiene lugar”.

Y se repite
El miércoles 7 de marzo, en México y Alberti, Balvanera, la Policía Federal reprimió a familiares de víctimas del gatillo fácil, y a vecinos del barrio que se solidarizaban con ellos. “Varios policías de la 8va atacaron a Sabrina Castro, prima de John Camafreitas y Marcelo Sepúlveda, mientras paseaba con sus hijos. Ante este ataque, parientes y vecinos concurrieron a auxiliarla y la Policía los reprimió”, dice el comunicado de CORREPI. “La Policía Federal busca, de esta manera, amedrentar a los familiares que luchan contra la política represiva estatal, que nos mata un pibe por día”, sigue el comunicado. Para la comisaría fue “una batalla campal” después de que el patrullero fuera al lugar. Detuvieron a cinco personas por “atentado y resistencia a la autoridad”. Los demás, “escaparon corriendo”. Tres policías federales terminaron heridos, uno de ellos sufrió una fractura en una pierna.

La farsa
La versión de Naredo dice que, en el forcejeo con John Camafreitas, se le cayó el arma, que se disparó y dio justo en la nuca de John. Quizás la policía necesite un cordón para sus armas, ya que esta excusa no es la primera vez que se escucha: El policía que asesinó a Ariel Rodríguez en San Telmo el 20 de julio del año pasado también argumentó que la caída de su pistola provocó el disparo mortal. Pero no fue él, tampoco, el original. En 2010, la puntería no le falló a la baldosa que gatilló la pistola de Sergio Colombil, que dio justo en la nuca de Diego Bonefoi en Bariloche.
O quizás será, parafraseando a Julio De Vido, que nadie habla de las balas que no dan en las nucas de nuestros pibes.

Fuente: Nos Digital

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS
This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>