Argentina: Una discusión que nos debemos dentro de la batalla de ideas coyunturales.

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por Oscar Ruiz de Huidobro.-

En esta coyuntura reafirmamos más que nunca que el surgimiento de toda corriente de pensamiento está íntimamente ligado al punto del desarrollo en que se encuentra la lucha de clases. Desde esta visión se sostiene que, en el crepúsculo de la década del 70, pese a las luchas populares por la toma del poder se pudo crear el terreno propicio para que la contraofensiva estratégica del capitalismo genere una usina teórica, basada en la “hipocresía de la objetividad científica”. Esa visión, que poco a poco trato de cumplir su función social de legitimar y reproducir, tanto, la contraofensiva, como el falso desarrollo capitalista como un fin único, logró triunfos coyunturales a fuerza de muerte y dictaduras. Un balance de lo que pasó y puede venir.

En este punto, cabe aclarar, que si bien no pretendo usar la herramienta científica del marxismo como una receta mágica o una fórmula que sea capaz de proveernos todas las respuestas a todas las preguntas. Sigo empecinado en creer en la versión del marxismo que todo está en permanente movimiento y que eso lleva contradicciones permanentes que deben ser resueltas con tensiones creativas que permitan el desarrollo tanto de la materia como de los hechos históricos tácticos y estratégicos en el camino central de la toma del poder. A lo mejor por eso, y llenos de interrogantes, quiera dejar bien en claro tres cosas.

Una, esto se lo aclare a mi “sobrina del alma” Marcelita Santucho, lo que tal vez que me exprese mal en esa grabación tomada en San Pablo, y hoy a la luz de esta nota puedo plantearlo y poner un punto más de humilde discusión de la etapa que transitamos. Los revolucionarios de nuestra fuerza, jamás nos dejamos ganar en aquel momento, con la artillería teórica de la “Escuela de Frankfurt” que con sus desviaciones idealistas y unidireccionales estudiaban el universo social y convertían al proletariado en un objeto pasivo, permeable a las imposiciones de la burguesía. Tanto Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erick Froom, Walter Benjamín, Jurgen Haberimas que se apoyaron en Max Weber y Hebert Marcuse, ninguno asumía la voluntad de poder y hasta esquivaban la vía que habíamos elegido.

Dos, La Escuela de Birminhgam también creada en los sesenta es una escuela cultural que no tenía una teoría unificada, pero que prevalecía la superestructura ideológica desarrolla unas formas productivas e industriales económicas que conllevan el espíritu de una nueva división internacional del trabajo. Mientras paralelamente se formaban unas poderosísimas empresas de comunicación que hacían propaganda de carácter monopolista concentrador. Para Adorno, Horkheimer y Marcuse, máximos representantes de la renovación del modelo se planteaban de hecho, por primera vez políticas que se transformaron en instituciones difusoras de mensajes y contenidos fabricados con sistemas tayloristamente estandarizados, a pesar del fordismo clásico que se imponía en la producción. Esta Escuela fue lenta pero firmemente creando las condiciones para el posmodernismo.

Tres, tampoco caeré en la tentación de los “nuevos aportes” de las visiones derrotistas, llenas de desencantos, escépticas, y apáticas, del postmodernismo. Ni en la supuesta línea de izquierda transformadora de esta corriente, el posestructuralismo como Roland Barthes, Jacques Derrida, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Judith Butler, Jean Baudrillard, Julia Kristeva y Jürgen Habermas. Que bajo visiones supuestamente transformadoras de nuevos vientos buscan desconocer el sujeto histórico y la inevitabilidad de la lucha de clases.

Desde hace un tiempo, se nos quiere convencer de las bondades de las nuevas corrientes teóricas que a partir de la contraofensiva estratégica del bloque dominante y de la caída del muro de Berlín se disfrazan de defensores de nuestros intereses históricos.

En este punto exacto, se puso una falsa divisoria de agua, que encendió precozmente la mecha de los fuegos artificiales que mostraban al mundo el triunfo del capitalismo sobre el llamado socialismo real. Que lo único real que tenía, era el estadio de desarrollo que habían alcanzado los estados obreros deformados del este europeo.

Uno de los rasgos más categóricos de la victoria ideológica coyuntural del imperialismo, que deviene de esta corriente posmodernista, ha sido su capacidad táctica para influenciar decisivamente en la agenda teórica y práctica de los sectores llamados a enfrentarlos. Victoria circunstancial sobre los intelectuales, los progresistas, los auto titulados miembros de izquierda o “revolucionarios”, las fuerzas políticas, las organizaciones “Sociales” de masas, territoriales, sindicales supuestamente “opuestos” a la hegemonía imperial. Quienes de una u otra forma son los agentes contenedores de las masas y de hecho sostenedores del sistema.

El Magazin de Merlo: ¿ARGENTINA NECESITA a QUEBRACHO, Movimiento ...

Veamos algunos ejemplos. Teóricos como Michael Hardt, Antonio Negri y John Holloway, han sido los instrumentos de la penetración de la agenda, las premisas y los argumentos del imperialismo. Ninguno de los tres reconoce “haberse cruzado de vereda”, mendigando acuerdos o pidiendo cargos. Eso es lo peor. Ninguno de los tres negó la necesidad de avanzar hacia la construcción de una sociedad por lo menos postcapitalista. Ni se reconocen anti Estado, o contra la sociedad socialista o comunista. Todo lo contrario: el sentido de su obra es justamente el de fundamentar, en las nuevas condiciones del capitalismo de inicios del siglo veintiuno, las formas de lucha y las estrategias que podrían ser más conducentes al logro de tales fines.

Ya nada es igual o lo que es peor ya todo terminó para algunos con Fukuyama. Según Holloway la condena a las revoluciones del siglo veinte se encuentra en las enseñanzas que para la estrategia revolucionaria de las masas se desprenden de la experiencia zapatista. Ya no se trataría de conquistar el mundo sino, en un proceso asombrosamente más simple, de “hacerlo de nuevo”, dejando de lado la rémora doctrinaria de carácter estadocéntrica en la cual la revolución era asimilada “a la conquista del poder estatal y la transformación de la sociedad a través del estado”. Eso no es todo para Holloway, también asegura que “(l)a gran aportación de los zapatistas (ha) sido romper el vínculo entre revolución y control del estado”.

29 de mayo de 1969 - El Cordobazo - El Historiador

Tal vez esto último se comprenda si observamos comportamientos de todos los sectores políticos y de todas las organizaciones sociales territoriales o sindicales en los últimos años del kirchnerismo y sobre todo de los postreros cuatro años del macrismo en el cogobierno con el poder hegemónico. Desde su casi incomprensible victoria casual, “Cambiemos” pasó su cabecera de playa neoliberal y su criminal ofensiva sin mayores problemas por las causas derivadas del posmodernismo. En ese escenario, hasta el peronismo, esa fuerza política nacional odiada por el capitalismo más concentrado dejo de ser carnívoro con el “gorilaje” y probablemente mutó entre un partido de característica vegetariana o vegana que perdió las ansias de poder que tuvieron en su vanguardia. Hoy la gobernabilidad es la que mantiene al poder y sus circunstancias.

En el escenario pre pandemia, en toda la región sectores del pueblo y masas salieron a las calles y parecían marchar replanteándose la corriente posmodernista. Daba la sensación que el posmodernismo comenzaba a recorrer el camino de su declinación. La creciente intensidad de las resistencias que a lo largo y a lo ancho del planeta se erigían sin planteos teóricos serios en contra del predominio posmodernista decayó, declinó y producto de la pandemia producto de la guerra bacteriológica, se anestesió casi hasta la lucha de clases. En la batalla de las ideas todo depende de nosotros. Recuperar la memoria histórica, para reconstruir la identidad y la subjetividad es parte de empezar a recuperar la voluntad de poder y de buscar tomar todos nuestros techos y cielo por asalto.

Información en construcción.

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