Argentina: Primera entrega de grados en la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez y Juramento

0 09 26 04 arg cia de monte

por Oscar Ruiz de Huidobro. –

Da la sensación que todo está en las libretas negras de almacenero de Simón. Tal vez por eso, después de la fajina, entrenamiento, desayuno, charlas de formación, comidas, merienda o después de cualquier acción, mientras todos descansan, él, siempre deja la mochila a un costado y le apoya meticulosamente el FAP que lo caracteriza siempre. Después, se sienta, coloca la espalda en cualquier tronco que ofrecía solidariamente el monte y arranca su ritual dedicado a fotografiar todo en sus libretas.

Saca sus biromes azul, roja y negra y las acomoda como en un ritual de cuchillos de combate para despellejar la historia de los compañeras y compañeros en los pelotones de la Compañía de Monte «Ramón Rosa Jiménez». Es su forma de tatuar las hojas para que en el futuro se viaje a través de ellas. Con el rabillo del ojo todos le dedicaban una porción esquiva de una mirada cómplice. Se sabía que escribía textos varios de política, notas para el “Estrella Roja”, y hasta poemas. Todos intuían que cartografiaba hasta los ronquidos del “médico loco”, Raúl, Lin, Lalo, sus compinches de siempre. Tal vez escriba bien o mal. Cuando se publiquen sus escritos tal vez nadie busque los estilos sino la historia en llaga de estos tiempos de parto en las montañas. Entrar en las libretas negras de Simón será como penetrar en una bitácora a hurgar en el tiempo que ni se sabía que pasaba en la cerrada selva tucumana. A lo largo y ancho del país se habla de la entrega de grados en la compañía de monte, pero no todos los que hablan estuvieron. Muchos y muchas hacen esfuerzos cotidianos para ver si los seleccionan.

En una libreta de Simón que trata de corregir Juana puede leerse: “Hoy es martes 19 de noviembre. El año 1974 pasó terriblemente duro, pero corrió rápido como corre siempre veloz el tiempo por amor al a otro u otra. En un claro del monte previamente seleccionado y con guardia por los cuatro puntos cardinales, se dio cumplimiento a la resolución del “Comité Central Antonio del Carmen Fernández”. Hacía un tiempo los compañeros y compañeras que habían delegado “en el Buró Político la facultad de otorgar los grados de los combatientes del Ejército Revolucionario del Pueblo” se sacaron de encima tamaña responsabilidad. Por la cuestión del compartimiento en la vida clandestina del partido y el ejército, se decidió basar todo en “Los informes presentados por los Secretarios y Estados Mayores de las Regionales” Así se estudió, discutió y decidió “acerca de la trayectoria, méritos y funciones de los combatientes”. Eran muchos y de mucha calidad humana, militante y militar. Todos daban todo de sí. Debido a eso era difícil elegir los grados de esa manera. No se sabe si hubo alguna resistencia o si el orgullo los podía a cada uno de los miembros del Buró. En nuestro caso, los compañeros del Buró tuvieron gran trabajo con los responsables de la Compañía de Monte. Después de un año en la selva de altura, era la primera vez que se daban grados a la Compañía. La evaluación era una tarea más que difícil. Se balanceo todo. El último domingo después de regresar de los puntos de inserción de masas asignados, se hizo los informes y se habló como de entre casa que se entregarían los grados el martes. Todos y todas, supieron que desde ese día en la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” habría sargento, teniente, capitán y el comandante indiscutido era el negro “Carlos”. Esto era una enorme escuela que, en su educación clasista, obrera, popular y prolongada, formaba los oficiales del Ejército Revolucionario del Pueblo. Así se trataba de multiplicar el conocimiento y fundirlo en la práctica cotidiana con el común denominador del pueblo.

El martes amenazaba con lluvia temprano. A la hora de la formación el sol descargaba las espadas de sus rayos para moldearnos en la fragua del día. El flaco Santiago ese santiagueño flaco y enorme en su estatura de ser humano y revolucionario, con su sangre disputándose entre el quebracho y la algarroba como Jefe de la Compañía recibió su grado e insignia de capitán entregado por el Negro Mauro. Luis, Federico, Roberto, Armando y Raúl recibieron su grado e insignia de teniente. Dago, Guillermo y Chuby recibieron su grado e insignia de sargento. A Simón se le confirmó el grado de teniente que traía cosido en sus orígenes.

Como toda aspiración a ejército regular, se leyó la Resolución que ameritaba todo y entre otras cosas decía, “Considerando: Que el comité Central Antonio del Carmen Fernández delegó en el Buró Político la facultad de otorgar los grados de los combatientes del E.R.P.;

Y teniendo en cuenta los informes presentados por los Secretariados y Estados Mayores de las Regionales, acerca de la trayectoria, méritos y funciones de los combatientes;

2º.) Un compañero del Buró Político hará entrega personalmente de los grados e insignias que los distinguen, en formación a realizarse en cada una de las Unidades.

3º.) Dicho compañero será portador de un mensaje del Comandante en Jefe del E.R.P., Mario Roberto Santucho, que se leerá en las formaciones para la entrega de grados”.

La Resolución la firmaba el Buró Político del P.R.T. Por supuesto que la consigna de “A vencer o morir por la Argentina” estuvo más presente que nunca y terminaba con una vibrante entonación cordobesa de “Ejército Revolucionario del Pueblo”

Después de esto y con las insignias en mano todos reordenaron la formación y Mauro pasó a leer una carta del negro “Carlos” como “Comandante en Jefe” del “errepe”. La misiva empezaba dirigida “a los combatientes y cuadros de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”. El Negro Mauro con su acento inconfundible debe haber recordado los discursos que daba en la fábrica y empezó a leer: “Compañeros: Junto a la bandera que el Buró Político del PRT pone en este acto bajo vuestra custodia, hemos decidido enviarles el siguiente mensaje”.

“Ya hemos hablado anteriormente de la importancia nacional del accionar de vuestra Compañía. Importancia que se acrecienta ante la evolución de la situación nacional, ante el recrudecimiento de la represión, el aislamiento cada vez mayor del gobierno, del creciente odio y repudio popular a su política”. Mauro tomo aire y con alto sentido proletario siguió leyendo.

“Por ello, a cada uno de ustedes les cabe la responsabilidad de aportar lo máximo posible a la feliz realización de las tareas que tiene por delante la unidad. Como primer paso aportar lo máximo posible a la constitución de la compañía, a la incorporación y a la integración de la cantidad de combatientes necesarios para completar la plantilla, a una buena organización de escuadras y secciones, bajo el lema “Completar la Compañía para iniciar la Campaña”. Añadió Mauro.

De pronto, el cordobés cambió el tono de la voz. “Otro aspecto que requiere y requerirá cada vez mayor preocupación es la preservación de la seguridad. La facilidad de movimiento y el apoyo de la población no debe llevar a Uds. a la subestimación del enemigo, a caer en el liberalismo los movimientos, ya que errores de ese tipo pueden ser graves consecuencias. Por eso compañeros, les recomiendo seriamente extremar las medidas de seguridad, principalmente durante la marcha y movimientos en el llano, para preservar tanto a nuestros combatientes como a los miembros y colaboradores de los pueblos. Naturalmente que la base para lograrlo es la amplitud del trabajo de masas, tal como lo vienen haciendo y los métodos conspirativos en el trabajo con los compañeros más firmes”. Finalizó el párrafo.

“Nuestro pueblo y nuestro partido, esperan de todos los combatientes y cuadros del ERP y particularmente de Uds., una creciente capacidad político-militar. Nuestro pueblo y nuestro partido necesitan que Uds., sean cada vez mejores combatientes y que se conviertan en excelentes cuadros político-militares. Por ello es preciso que se esmeren en el aprendizaje, que aprendan a mandar y obedecer, a dirigir y ser disciplinado, que estudien, que piensen, que reflexionen y aprendan de la experiencia, que se preocupen por dominar el manejo de las armas, por mantener el mejor estado físico posible por ejecutar con habilidad los movimientos tácticos”. A todos nos corrió un estremecimiento por el cuerpo y alguna que otra lágrima se atrevió a horadar el pretendido caparazón de los hombres y mujeres del maíz.

Mauro siguió leyendo ajeno a todo. Él tenía que ser en ese momento el duro inquebrantable que no podía sentir ni el más mínimo quiebre. Después reconocería que estaba muy nervioso. Volviendo al mensaje de “Carlos”, éste fue demasiado claro acerca de lo que se quería en este párrafo. “El Buró Político entrega a Uds. los grados y la bandera de la Compañía en momentos en que ésta se apresta a iniciar su primera campaña. A lo largo de ella vivirán fundamentales experiencias y es muy posible que se den enfrentamientos directos con las unidades enemigas. Así, los cuadros y combatientes de la primer Compañía de Monte del ERP, atravesarán aproximadamente la mejor escuela del combate. Esperamos fervientemente que todos y cada uno de Uds. se esforzará al máximo no sólo para lograr la victoria en el camino de la batalla, sino además para aprender en esa escuela todo lo posible, graduarse y ascender, convirtiéndose así en la base de los cuadros para la futura constitución de nuestro primer batallón de monte. Fuerza de envergadura que nos permitirá liberar efectivamente ciertas zonas y fundar por primera vez en la Argentina, a nivel local, el nuevo poder obrero y popular por lo que lucha nuestro pueblo”.

Un temblor apenas imperceptible sacudió la ceremonia. Hasta la Pacha se preparaba para cuidar sus cachorros que hace casi un año habían empezado a echar raíces. “Mauro” seguía “La Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” debe batallar entonces el próximo período, bajo el lema “Triunfar y aprender en la Compañía para construir el Batallón”. Los obreros y campesinos tucumanos, los montes, caminos y cañaverales de la provincia serán testigo y partícipes de la valiente marcha de la Compañía de Monte, que levantando bien alto su bandera enfrentará victoriosamente al enemigo”.

De pronto la voz de “Mauro tomó más fuerza, había que lograr que las consignas inflen hasta el instinto de clase de la selva de altura: “¡Completar la compañía para iniciar la campaña!” “¡Triunfar y aprender en la campaña para construir el Batallón!”. “Viva la Compañía de Monte! Y el ¡Viva! salió de todas las voces espantando hasta los pájaros. El Negro gritó más fuerte que nunca ¡Viva el ERP! Y toda la Compañía gritó como nunca un ¡Viva! Que hinchó hasta el alma contradiciendo al viejo Marx, aunque más no sea en eso.

Nadie creía que pudiera haber más emoción y más adrenalina. Pero no fue así. Cuando se pensó que venía el juramento todo se incrementó sangre adentro y el puma de cada uno se salió con sus colmillos y garras al verde follaje del día. “La eficiencia y la moral del ERP, depende del empuje, la efectividad y la moral de sus cuadros y combatientes, particularmente de los cuadros que, a partir de ahora, del momento en que son honrados con los grados, tendrán mayor responsabilidad, tendrán que asumir con redoblada firmeza, dedicación y determinación sus obligaciones revolucionarias”.

Ya nada era igual se sabía lo que se vendría y el pecho se inflaba con una taquicardia de amor a la clase y pueblo. “La estructura fundamental de toda fuerza militar son sus mandos en todos los niveles. Es en la combatividad, capacidad e iniciativa de ellos donde descansan los avances orgánicos, técnicos y combativos. El Comité Central del PRT, al resolver la creación de los grados militares, cimiento de nuestra oficialidad revolucionaria, deposita en los cuadros del ERP la inmensa responsabilidad de aportar sustancialmente al fortalecimiento de las unidades guerrilleras”.

Todo estaba rodeado de una nueva sensación desconocida llena de una rara mezcla de amor y ternura de hombre y mujer nueva. “Esta nueva oficialidad revolucionaria que acaba de nacer ha de distinguirse por su amor al pueblo, por su amor al Partido, por su orientación de masas en el trabajo militar, por su eficiencia y moral en el combate, por su capacidad para resolver creadoramente los problemas concretos de las tareas militares, en una palabra, por su estilo de trabajo y moral leninista, proletarias”.

El ansiado juramento se estaba pariendo. El Negro “Mauro” en representación del Comité Central, del Buró Político planteó que por todo lo que se había hecho y dicho era hora de poner fin al acto con la jura. Y dijo “Compañeros graduados: “Juráis entregar sin vacilación ni límite todas vuestras energías por la victoria de la justa causa revolucionaria del pueblo argentino defendiendo con honor hasta la muerte la bandera del ERP que la encabeza y la representa?”.

El ¡Sí Juro! Fue atronador llenando de esperanzas toda la yunga de un punto a otro de la Indoamérica morena y caribeña.

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