Argentina: Partió a la última cita Eduardo Aníbal “Gustavo” Arroyo.

seg foto maestro

Por Oscar Ruiz de Huidobro

Las heridas dejadas por el dolor reciben una ración diaria de sal. No cierran nunca. Las venimos lamiendo en la ciudad, el monte y se fueron y van agrandando hasta lo inimaginable. Siempre nos clavan los colmillos. Jamás las podemos, ni podremos evitar. Esta madrugada Eduardo Aníbal Arroyo, “Gustavo”, “Fatiga” o el “Maestro”, preparó por última vez su mochila y sus botas de goma y se fue despacito, muy despacito a su última cita clandestina y nos abrió más la flor de la despedida.

Dicen que su tranco salteño, ese que dibujaba un andar que siempre parecía cansado pese a su enorme estatura de militante, se fue a fundirse en un abrazo con el “Robi”. El Boli, “Milagrito”, “Armando”, “Aníbal”, “Francisco”, “Raúl”, “Manolo”, “Ling”, “Pepino” y otras estrellas rojas ya lo van guiando por el monte de altura y abriendo picada para que llegue al punto fijado después de la marcha forzada.

A “Gustavo” no lo conocíamos de antes, pero era uno de los mejores de la familia. Llegó a Tucumán arrastrando las erres del “errepe” como uno más del montón de changos del norte. Todo en él parecía medido milimétricamente. En la concentración se lo notaba seguro por convicción. “Santiago” lo midió. Conjuntamente con “Raúl” le indicaron que debía hacer. Ni se inmutó. Al otro día había que estar en la Quinta Agronómica de la Universidad de Tucumán.

Todo debía parecer un viaje de estudiantes de agronómica que iban a realizar una actividad de estudios. En un abrir y cerrar de ojos llegaron todos a la hora fijada. No jodieron, ni esperaron a nadie. “Un grupo subió, se sentaron y en silencio se acomodaron en los asientos. Eran “porteños”, uruguayos o santafesinos que si hablaban romperían cualquier medida de seguridad.

El chófer, un “Tano” conocedor de excursiones de estudiantinas tucumanas. Parecía que había algo que no le cerraba. Nadie jodía. No había bromas, ni voces altas y menos carcajadas. La diversión, ni la joda no cabía. Nadie pidió esperar a alguien que se demoraba. Nadie jodió a los chóferes. Nadie pidió en el viaje bajar al baño o a comprar un par de bebidas. Parecían “Carmelitas descalzas”.

“Gustavo” subió al colectivo, saludo tímidamente y se sentó junto a un conocido de Salta. En un poco más de 3 horas había que estar en el punto fijado cerca de Piedras Blancas. Eran más de 330 kilómetros y casi 10 de San Fernando del Valle de Catamarca. “Gustavo” habló y se rio mucho con el salteño durante todo el viaje.

En el punto de concentración un callejón cercano a Piedras Blancas. Una vez que se inmovilizó a los chóferes. Se dispuso los compañeros para las guardias del camino. Allí se produjo un error fundamental. La excesiva confianza política en las masas, dejó pasar a dos ciclistas. Estos, un par de kilómetros más abajo denunciaron a la policía que en un colectivo había “gente” cambiándose con ropa militar.

Esto permitió que la policía rompiera con el factor sorpresa y llegará en dos móviles al lugar y descargará fuego sobre los compañeros que no estaban en actitud de combate dentro del colectivo. Mientras la contención respondió e inmovilizaba a las fuerzas policiales se produjo una retirada no planificada.

Hubo un par de enfrentamientos armados donde murieron dos compañeros y “Gustavo” cayó herido con un balazo que le atravesó el hígado. Los compañeros lograron evacuarlo del lugar del enfrentamiento y el cumpa de sanidad le hizo algunas curaciones. En plena retirada y visto la gravedad de la herida, se decidió salvar su vida de la única forma posible en las condiciones establecidas en ese momento.

Se habló con “Gustavo”, se le explicó la situación que se lo dejaría con un poblador de las inmediaciones. De esa manera se minimizó el riesgo para “Gustavo”. Él, estuvo de acuerdo. Así cayó preso por 10 años, pero salvó la vida. En la cárcel se dedicó a enseñar a leer a todos los compañeros que no sabían hacerlo. Así de “Gustavo” pasó a ser primero “Fatiga”. Después con cariño y ternura los “alumnos” prisioneros que aprendían a leer y se formaban a como revolucionarios lo condecoraron como lo que era un “Maestro”.

Cuando salió se acercó a la fracción V Congreso del PRT. Trabajó un tiempo con el “Boli” y posteriormente decidió volver a su profesión e insertarse en la enorme cantera del pueblo. La vida y el cuerpo le pasó factura rápidamente y ni su eterna convicción y solidaridad pudo con eso. Las enfermedades lo retrajeron y con su familia pasó años de su existencia militando la vida.

Compañero “Gustavo” HLVS. AVOMPLA.

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