Argentina: Lleno de adioses en siembra para ser espiga.

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Hablar del “Pacha” después que se sembró no es sólo hacer una nota es reivindicar cosas que otros quieren olvidarse de su militancia. Escribir sobre él, es como recordar el todo y sus partes entre mate tras mate. Y también como saludarnos hasta dentro de poco en nuestro caso. Por eso prefiero escribir sobre experiencias concretas de acción de la militancia. Recorrer la memoria histórica para tratar de aportar en la reconstrucción de la identidad y la subjetividad. Tal vez hablar del militante Ricardo Velasco sea eso.

Desde muy chicos con el «Pacha» sin conocernos siquiera compartíamos las chispitas que salían de ponerle nuestra leña humana a la palabra. Así, cada uno por su lado, buscábamos encender la esperanza de todas y todos.

Combatiendo con la familia de los faroles y de perros pasamos del instinto a la acción consciente. No conocíamos de roscas y golpes bajos entre la acción conjunta y militancia de ambas orgas. Las diferencias las transitábamos construyendo. Así conocimos comisarias, cárceles, desapariciones, caídas de hermanos de sangre y clase. Pero nada nos detenía. El luto nos fue bordando la sangre con otras sangres de compas que caían desde muy chicos. Después nos separamos definitivamente, él se integró a Montoneros en la fusión. Amigos en común se hicieron perros.

En el 76 otra vez estuvimos cerca. Cayó Osatinsky el Robi y no pudo ser. Entonces la línea de nuestros tiempos, se encargó de juntarnos de grandes. Ambos seguíamos con las ganas intactas de transformación social de fondo. Ambos seguíamos militando abajo con diferencias en la cantidad de puntas de las estrellas y de las otras, que en unidad de acción tratábamos de limarlas siempre.

Dicho de otra forma, entre faroles y ladridos, nos juntó la cantera del pueblo insurgente de nuevo en un trabajo concreto. Jamás nos planteamos ser la unidad de lo que estuvo a punto de concretarse antes del 73 o a mediados del 76. Tampoco quisimos ser la superación dialéctica de las dos familias.

Nos unió el instinto de clase representado en los callos de las manos trabajadoras. Un obrero de la carne y un carpintero con trabajo de masas y de estructura, articularon el trabajo institucional con la lucha de calle. Así, juntamos herramientas. Y las pusimos al servicio de un sector de obreros que a tajos y afilando cuchillos recuperaban parte del sueño y trataban de concretar el circuito de la recuperación de un medio de producción por el que habían caído muchos de nuestras familias. Planteado de otra forma, trabajamos la lucha económica y política para transformar esa y otras realidades concretas.

Es bueno contar esto, para que se mida y reconozca la amplitud de criterio del «Pacha». Es saludable para estos tiempos reconocer que todavía hay compañeros que hablan de revolución en el mismo espacio donde a algunos no le gusta hablar de ella. Es bueno que se sepa que el «Pacha» desde su corazón profundamente peronista a veces se ponía tremendamente cabrero, pero seguía levantando esa bandera revolucionaria con los que no eran peronistas. Y sobre todo demostraba que se podía concretar la unidad de acción más allá de las diferencias.

El «Pacha» asumía su condición de kirchnerista y nunca se olvidaba del método de análisis cuando se trataba de pelear en el territorio, fábrica o universidad o cualquier otro frente para luchar para lograr equilibrar la relación de fuerzas.

Cabe destacar que al “Pacha” no lo cambio un sillón en el directorio del Banco Nación. Ni la unidad de vida con Felisa y su cargo en el Ministerio de Economía. Al contrario. Eso ayudó a construir y a amalgamar la arcilla de sueños de cambio en la base. Se trabajó mucho más abajo con los “nadie”. Se discutió mucho también en las estructuras. Ricardo se recorrió el país con un equipo de profesionales militantes y se hizo cosas por el pueblo sin tanta propaganda, pero con hechos concretos.

El «Pacha», por ejemplo, fue el motor principal que encendió otros motores a fuerza de discusión en la creación del Fomicro y el Fonder desde su Directorio en el Banco Nación. Programas que demostraron su validez en los hechos concretos desde La Quiaca a Tierra del Fuego y desde el puerto porteño al Puente del Inca.

Tal vez, ahora, y sin que nadie se moleste en la CNP, ni en las estructuras del gobierno en disputa, hoy, deberían ponerse a funcionar de nuevo estos Programas como forma de llevarle solución a las masas empobrecidas y oprimidas de nuestra tierra arrasada por el poder dominante y que tanto cuesta reordenar. Quizás y aunque no se nombre al “Pacha” sea también un homenaje a un militante que luchó toda su vida. La CNP y algún Ministerio podría encarar este tema como acción concreta transformadora.

En ese escenario, el «Pacha» se seguirá sembrando para que los sectores de la pequeña producción, comercio y emprendedores del pueblo del verdadero campo y la ciudad salgan al frente en medio de esta doble crisis que dejó el macrismo y viene creando la pandemia.

Esto no es nada más que una pequeña parte de lo que era este farol carpintero que arrastraba un cáncer terminal y siguió haciendo cosas. Hasta encaró lo virtual en este último año de pandemia y desde allí con Zoom seguía peleando con la CNP y compañeros que entienden que hay que seguir peleando.

Este es el «Pacha». Un Ricardo Velazco que decidió irse con el farol a una nueva cita clandestina. Este es el «Pacha» que se fue a encontrar con su hermana «Olgui» desaparecida y la vieja que tanto batalló en Familiares. Este es el «Pacha» que volvió a encontrarse con la familia de sangre y de ideología y los 30 mil. Allí, seguirá conspirando como siempre. Desde donde esté y con todas y todos los que no aflojen en sueños seguirá trabajando la madera de los cambios sociales de fondo. Sepan que se sembró, y también será semilla y espiga en cada acto de unidad donde flameen las estrellas rojas de ocho y cinco puntas.

Hasta La Victoria Siempre “Pacha”.

LOMJE y de mi parte hermano, un gran AVOMPLA.

 

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