Argentina: La enorme soledad del ídolo. Un Final de otra injusta violencia

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Diego Armando Maradona murió en Soledad. Y como no es una metáfora, eso genera mucho odio y bronca. ¿Qué pasó? ¿Cómo él, el que nos llenó de alegría, movía multitudes, generaba cariño y amor en el mundo entero, termino solo? En latribuna69.org podemos pensar, sugerir, intuir, o saber que murió como vivió. Tal vez no fue así. Quizás lo condenaron a la soledad. Represión al pueblo y más soledad en las autopistas.

Todo lo de hoy, jamás lo presentimos, ni quisimos para Diego, pero sucedió. A lo mejor todo tiene que ver con los subjetivo. Problemas, incomodidad, hartazgo, tensión, cansancio o falta de entendimiento de quien era Maradona para el pueblo de parte de la familia.

Tal vez tenga que ver con la forma de llevar la “marca Maradona” o las graves internas entre sus eternos entornos. Quizás no se pueda explicar porque lo expusieron en el día de su cumpleaños por cuestiones comerciales. Por último, algo más grave aún, nadie explica porque ceso de pronto la discusión: Si operación sí o intervención quirúrgica no. Diego traía el corazón dañado.

A lo mejor, por eso tienen que ver con algunos problemas con la Ley. Parece ser que hay fiscales que estarían pidiendo explicaciones al enfermero del sur del conurbano bonaerense. Según fuentes confiables se habla que se piden secuestros de los teléfonos del “Dios Humano”, historia clínica, o buscan constatar las fichas de seguimiento médico diarios del post operatorio.

Todo es «maradoniano» dicen los de los medios del sistema tratando de dar legitimidad a todo. Veamos. Desde el Decreto de Duelo y la ceremonia de velatorio hacen ruido. ¿Qué fueron? Sí se hacía en la Casa de Gobierno, tendría que haber sido un Funeral de Estado. En los hechos no fue tal. Solo fue un velorio en La Casa Rosada. Eso es tal vez un despropósito.

Aquí, en esta ceremonia que tendría que haber sido el hecho histórico más grande de nuestra era por el AD10S al más grande. Tal vez, no hubo manejo de los funcionarios que coordinaban esta instancia. Cuando salió el Decreto de Duelo Nacional, se definió que por lo menos un millón de personas del pueblo que Diego hizo tan feliz, irían a homenajear y a la misa maradoniana de la despedida.

Se dice que la familia o su entorno solicito La Rosada, el gobierno puso todo a su disposición sin condicionamientos. Mal ahí. No se podía poner el símbolo del Estado para recibir un millón de personas en un velorio de 8 o 10 horas. Imposible. Sin beneficio de inventario esto no es posible. No dan los tiempos. Terminaría todo mal como terminó.

¿Si las últimas 12 horas de Diego no hubiesen estado ligada a la soledad hubiera cambiado algo? No. ¿Si no hubiera sospechas en el marco jurídico La muerte de Diego hubiese cambiado todo? Tampoco. A todos nos puso tristes, mal, llenos de dolor que Diego haya perdido la partida. Pero pasado el golpe de efecto el tema racional te lleva sí o sí a reflexionar las cosas.

Todo a lo mejor venga de más atrás. Puede que así sea. Hace tiempo que vemos a un Diego que no podía casi hablar. Sabemos que colegas tuvieron que hacer dos o tres notas para no dañar su imagen pública, más de lo que la dañaban los cínicos del terrorismo mediático.

Cuesta creer a ese Diego de las redes. En ellas había otro Maradona que contestaba fluida y certeramente a personalidades públicas o extranjeras. Que bloqueaba a amigos de toda la vida como dijo el «Negro» Enríquez o al “Cabezón” Ruggieri.

Se sabe que eso pasa. Que los grandes tienen alguien que les maneja la comunicación. Pero no lo dejan solo. Para aislarlo como un ente. Tal vez nada de esto fue así. Este humilde hacedor de líneas es consciente que no tiene la verdad absoluta. Que siempre es relativa. Pero existe el beneficio del interrogante y de la duda.

En definitiva, con 8 o 10 horas no bastó. Sólo estaba la mujer que lo bancó y lo tironeo, Dalma, Yanina, Jana y el resto no lo sé. Ella lo amo. Últimamente no y tiene otra pareja. Sus hijas siempre lo amaron. Pero las masas que lo amaban no pudieron estar y entonces en el último límite se fue con la pelota atada al corazón solo.

Los interrogantes se vienen encima. Si se hacía un Funeral de Estado hubiera durado un día por lo menos y se podría haber logrado despedirlo como solo él se lo merecía. ¿A quién responsabilizar? ¿A la familia? ¿A los Secretarios de Seguridad Nacional y al de la Ciudad de Buenos Aires? ¿A los jefes de tropa que ordenaron reprimir salvajemente como siempre a esa mezcla rara de dolor hecho tribuna futbolera y canto solo por ser pueblo?

¿Quién es responsable de llevarlo a Diego por la autopista y a toda velocidad y no por las grandes avenidas para que todos y todas pudieran despedirlo?

¿Quienes son los responsables de hacer perder el abrazo del alma de esos hombres que con camisetas de Boca o River o cualquier otra camiseta colmaban la plaza?

 ¿Quienes son los responsables de haber roto el abrazo de los peronistas, troskos, comunistas, anarquistas, reformistas y revolucionarios que podían lagrimear y romper cualquier emboscada del virus que nos azota?

¿Quien terminó de condenar a la soledad a Diego? ¿Quien?

Todas y todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que queremos a Diego merecemos una respuesta.

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