Argentina: Hace 45 años. Un recuerdo de algún momento en la Compañía de monte del ERP.

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Después de tomar la merienda “Manolo” convocó a todos a la ronda. – ¡Compañeros y compañeras acérquense que vamos a charlar un ratito! Todos acomodaron sus mochilas al costado izquierdo del cuerpo. Revisaron que el seguro éste bien puesto y entonces pusieron las armas largas sobre las rodillas. Se notaba ganas de aprender de los recién llegados y de los zafreros y campesinos que se habían integrado recientemente.

El “Cura” planteo que sea el “Simón” el que exponga del porqué y desde cuando se estaba en el monte. Sin más trámites “Simón” comenzó a tratar de explicar: “Compañeros, compañeras, tratare de ser breve. Para hablar del porqué y cuando se llegó aquí, hay que ir un poco más atrás en la línea del tiempo. El estar aquí, se decidió dentro de las tácticas y estrategias revolucionarias para ver si podíamos dejar de mendigar el pan, la paz y la libertad con que soñamos. Para que lo puedan entender mejor, tal vez le sirva una anécdota. Les cuento que una vez, cuando le pregunte a “Alberto” un compañero hachero de por aquí cerca porque se sumaba al “errepe”, me quedó mirando. Pensó. Y desde su inexperiencia del materialismo histórico y dialéctico, y tal vez, desde su inmenso desconocimiento de lo que significaba la justa violencia del amor como respuesta a la injusta violencia del sistema, sin rodeos, me contestó totalmente seguro, con la mirada firme y la frente alta:

- “Por la felicidad”.

“Lo miré desconcertado. En la devolución de la mirada se notaba que se dio cuenta de mi desconcierto. Entonces como con miedo agregó:

- “Para que mis hijos sean felices…por eso nada más”.

“Y nada menos. Pensé. Lo abracé para que no se diera cuenta de mis lágrimas y dándole las gracias por la tremenda estatura de la respuesta entendí más que nunca porque nos abrigaba la montaña y nos cubría el monte. Y sí es eso. Ahí está la síntesis popular de la dialéctica de porqué estamos aquí en medio de este ovario de verde humedad silenciosa. Él anda por aquí en el otro pelotón marcando la lucha por la felicidad de todos. En definitiva, por lo que aseguró el “Cura” antes y por la respuesta de “Alberto”, estamos aquí. De acuerdo con nuestros sueños y perspectivas, decidimos venir a esta montaña, porqué aquí se abrirían las vías y probabilidades para que las utopías dejen de ser utopías”.

“Estamos aquí porque en estos montes también aceleramos nuestra subjetividad transformadora. Aquí en medio de esta jungla dura y pura se sembrará la formación y la capacitación para crear los hombres y mujeres que ayudaran a parir una nueva sociedad libre y justa a nuestro servicio”.

“En medio del monte somos más conscientes que nunca que los profundos cambios que registra cualquier realidad a transformar jamás provendrán de una evolución lineal e incruenta. Eso duele. En este sentido “Carlos” dice una metáfora política que no todos entienden. Él asegura que “todo proceso revolucionario se viene desarrollando en espiral, con avances y retrocesos, en tendencia siempre ascendente, y a costa de sensibles pérdidas”. Suena cierto y trágico a la vez. Pero no hay otra opción. Sí. En esta lucha por la felicidad para los nuestros y todo el pueblo muchos no vamos a llegar a desfilar el día del triunfo, pero vamos a estar ahí con los que desfilen. En este punto el Che cuando le manda a Fidel y el pueblo cubano la carta de renuncia asegura que cuando le fueron a preguntar a quién avisar en caso que lo mataran se dio cuenta de todo. Escribió entonces: “La posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria”. La experiencia y la caída del Che demuestra que eso que escribió es así. No queda ninguna alternativa o ganamos o morimos. Vamos al todo o nada, siendo conscientes que muchos no lleguemos a ver esa victoria”. No desfilaremos el día de la victoria, pero estaremos ahí en las risas y felicidad de los que llegaron.

“Compañeros y compañeras, las masas por su lado y el partido por el otro, ya probaron todas las variantes democráticas. Algunos saben y ahora lo sabrán todos de esta escuadra, que hasta una Ley se consiguió con la lucha por la vía electoral que propuso el partido en los principios de los 60. Aun así, se sigue sin poder transformar la realidad y alcanzar la felicidad deseada. El poder dominante y sus dictaduras no lo permite. Entonces, sin desconocer ninguna vía ni forma de lucha y habiendo puesto el cuerpo a la palabra empeñada, ahora encaramos la construcción de las unidades guerrilleras de formación y capacitación de nuestro futuro ejército regular. Por eso estamos aquí. Seguimos la vía que demostró en otras tierras que se puede. Por eso, seguimos aquí en esta dura, muy dura, pero bella selva de altura tucumana que nos llena de sueños y esperanzas.

Tenemos ejemplos de sobra en nuestra historia. Nuestra lucha revolucionaria sanmartiniana por la primera independencia es un ejemplo. Nuestros próceres eligieron la vía y los métodos correctos. Se prepararon en Buenos Aires como Unidad regular con los métodos convencionales de la ciencia militar. En Tucumán, Salta y Jujuy, San Martín, con el método de guerra de guerrillas, buscaron distintas alternativas y distintos lugares por donde avanzar. Manuel Belgrano, Miguel Martín Güemes, Eustaquio Díaz Vélez o el primer cura guerrillero Ildefonso Escolástico de las Muñecas, intentaron por la quebrada de Humahuaca o la selva oranense y a través de la indómita Bolivia. No lo lograron. Hubo derrotas. Sin embargo, José de San Martín los hizo replegar y haciéndose cargo de todo el Ejército se replantearon todo e insistieron por donde nadie se atrevía. Probaron el cruce de los andes hasta descubrir el triunfal camino a Lima. Por otro lado, Simón Bolívar luchó en Venezuela y fue derrotado en 1810 y 1813. Una vez vencido tuvo que exiliarse en la región. Recién en su tercer intento en 1818 y 1819 encontró el camino de la victoria definitiva. Sí ellos pudieron luchar y a pesar de ser derrotados lograron reestructurarse y seguir luchando nosotros aquí en estos bellos pero duros montes podremos luchar y vencer o ser derrotados. Pero volveremos a luchar una y otra vez y finalmente venceremos. Es por ello por lo que sabemos que a pesar de nuestra férrea voluntad somos conscientes que en el futuro nuestra fuerza tendrá errores, aciertos, victorias y derrotas, pero también somos conscientes que como dijo Mao Tsé Tung hay que atreverse a “Luchar, fracasar, volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria”. ¿Sí? En este tema vamos a algo más nuestro. Este tema lo diremos como el Che: “No se vive celebrando victorias, sino superando derrotas”.

Fuente: Fragmento de la novela “La justa violencia del amor”

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