Argentina: El todo y sus partes está en pugna. Solo hay que atreverse a concretar el sueño.

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por Oscar Ruiz de Huidobro

Coyuntura difícil si las hay. La guerra bacteriológica hunde en el lodo de la peste y la muerte al todo y sus partes de nuestro planeta. La pérdida de la hegemonía mundial de EEUU tensa hasta una nueva guerra fría. China avanza económica y financieramente. Rusia lo hace militarmente. El coloso de pies de barro sabe que en este tembladeral puede desplomarse. La región tiende a desmoronarse y nuestro país sufre las consecuencias. Pero siempre puede haber salida.

La pérdida de hegemonía estadounidense hace que el imperialismo, provoque tracción y hunda en continuos temblores y derrumbes a gran parte de la región. En Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Haití la injusta violencia del atraso en conjunto con el Covid -19 mueve todos los cimientos y las estructuras crujen o se rajan como nunca antes había sucedido. En este escenario, los que más pierden son los sectores oprimidos, que de hecho son los más vulnerables.

En nuestro país, el poder, como enemigo principal se corporiza políticamente en el PRO, Cambiemos y el sector más reaccionario de la UCR. Al terrorismo mediático le toca imponer que la pandémica produce las crisis en otros países, pero que aquí, toda crisis es problema de la cuarentena. Mientras tanto, el empresariado más concentrado, el sector agro exportador industrial dominante y sobre todo la porción financiera, aprovechan hasta la pandemia. Con ella, logran apropiarse indebidamente hasta de los recursos que pone el Estado para los sectores vulnerados.

Entonces, el poder central actúa y hace jugar sus piezas en ofensiva permanente. Mientras el Frente de Todos, en su heterogeneidad gobierna con problemas. Como gobierno en disputa con apoyo de masas, sigue siendo débil en la composición de su estructura. En plena agudización de la lucha de clase no encuentra las tensiones creativas para limar las contradicciones hacía su interior y así, se le dificulta mejorar la relación de fuerzas para confrontar con un enemigo más homogéneo.

El campo minado condena a una implosión en cualquier pisada antimperialista. No se pudo todavía despejar el área pública de macristas que siguen trabando gestiones o ensuciando la cancha. Costó nombrar funcionarios que venían de los movimientos sociales y organizaciones de base. Para colmo, llego la guerra bacteriológica que no deja marchar por la vida y obliga a autoconservarse para luchar contra el atraso, muerte y la vida digna.

Se quiso expropiar Vicentin y se habló de poner un impuesto a las grandes fortunas. La oposición rompió cuarentena y salió a la calle en forma desestabilizante. Las fuerzas policiales actúan desde la orientación de la ofensiva que planta lo que fue la “Escuela de las Américas”. Reprimen y matan con injusta violencia. Cometen desapariciones forzadas seguida de muerte que son delitos de Lesa Humanidad. Todo este conjunto y sus partes son un claro factor de desestabilización política. Desde el gobierno en disputa no dio la relación de fuerzas. Faltaría probar si combinando lucha institucional con resistencia y lucha de calle no podría mejorarse.

Se destinaron recursos económicos para asistir a los más de 11 millones de trabajadores en negro, a los miles de pequeños y medianos comerciantes que deben abrir porque otra no les queda. Somos conscientes que no alcanza. La tierra minada heredada y la pandemia generó una pobreza que ya alcanza números jamás pensado. Los de abajo de todos los tiempos jamás nos resignamos, ni resignaremos y pensamos como salir de esta emboscada. Solo así, lograremos imponer partes de un paradigma diferente donde exista un programa de reformas estructurales que nos permita detener el atraso y lograr tasas de crecimiento donde podamos crecer como pueblo.

¿Qué hacer entonces? La respuesta a esta pregunta quizás resida en buscar recrear un espacio donde se pueda reconstruir la identidad y la subjetividad con voluntad de poder. Habrá que buscar entonces, pensar en transformaciones sociales de fondo, donde la lucha por el pan, la paz y la libertad tengan en vista algunos ejemplos que, aunque desordenados sirvan para armar la trama: soberanía alimentaria, reforma agraria y judicial, impuestos a los ricos, a la herencia, y porque no pensar en la nacionalización de los bancos, de las empresas energéticas, los medios de comunicación, etc. ¿Acaso sea una utopía? No. No lo es. Sólo habrá que ponerse a edificarse como los albañiles de nuestro propio destino.

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