Argentina: El odio y el oportunismo del poder dominante aprieta en plena pandemia.

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por Oscar Ruiz de Huidobro. –

La octava movilización motorizada por el enemigo principal en los últimos 6 meses fue simbólicamente más violenta que las anteriores. No se equivoquen, no es una marcha más. Hoy presionaron por segunda vez sobre la Residencia de Olivos donde vive el Presidente. Pero también hoy atacaron el domicilio particular de la Vicepresidenta. O sea, hoy sitiaron el Poder Ejecutivo Nacional completo, con toda la carga simbólica que representa tocar a Cristina para el Kirchnerismo y para un importante y masivo sector del pueblo. ¿Hasta dónde llegarán? Hasta donde se los deje.

La movilización de hoy, hay que decirlo claramente es un aporte profundo e injustamente violento a la desestabilización institucional. Tal vez no se entienda a lo que está jugando el “PRO”, el conjunto de “Cambiemos” o todo el universo de “Juntos por el Cambio”. Pero se debe tener en cuenta que el poder dominante sabe lo que quiere y pone su hacer en función de ello.

El enemigo principal, está usando estrategias para fragilizar la gobernabilidad. Con eso busca debilitar la toma de decisiones del oficialismo. También buscan reacomodarse en intención del voto haciendo uso del oportunismo político. Ya apuntan a las elecciones legislativas del año que viene aprovechando los efectos negativos que ocasiona la pandemia. Si ganan, irán por más buscando profundizar el atraso en las condiciones de vida de sus víctimas. Que son nada más y nada menos que la clase trabajadora y el pueblo.

La injusta violencia del sistema se expresa con extrema agresividad en los contenidos que muestran las consignas y carteles en las calles. Todo es contradictorio: Hablan de “República” y cercan al Poder Ejecutivo Nacional. Hablan de Justicia y defienden las causas armadas de la guerra judicial del “Lawfwere”. Hablan de libertad de prensa, y usan las guerras mediáticas, las “Fake News” y amedrentan periodistas. Hablan de respeto al ser humano y quieren matar de hambre a los “negros planeros, a las que tienen jubilación de amas de casa y a los ancianos”. Hablan de mejorar la vida y arremeten con corridas cambiarias.

El odio de clase manifestado en su violencia clasista va en aumento. Ahora radicalizan la ofensiva por fragilidad de respuestas. Esto es grave. La historia nos muestra que cuando más se negocia ellos aprovechan la debilidad para incrementar sus cometidos de clase y anti pueblo. Este crudo escenario, deja al descubierto las intenciones del poder dominante sobre un gobierno en disputa. “Si no pueden cooptarlo en todo, hay que sacárselo de encima”. Ese el hondo del hueso de la coyuntura actual.

El poder dominante sabe que la correlación de clases en el sentido de la correlación de fuerzas sociales, hoy no ayuda. Las formas que se distribuyen las clases y sectores sociales de nuestra sociedad no apuestan a las transformaciones que se necesita. Claro que esto no es estático, ni para siempre, ya que es por sobre todas las cosas un proceso extremadamente dinámico. Cómo tal puede, modificarse e inclinar la balanza para el lado de los sectores castigados por el sistema.

La radicalización y violencia simbólica de hoy, es aprovechada y favorecida por la doble crisis económica que transitamos. Ellos saben que la primera fase de la doble crisis, la generaron ellos, y que nos dejaron una tierra dinamitada por todos lados. Se aprovechan de la segunda fase, provocada por la injusta violencia del atraso a los que nos condena la pandemia. En ese contexto, pasan a la ofensiva definitivamente. Por eso, usan y combinan los contenidos de las “Guerra de Cuarta Generación” y de la “Guerra Híbrida”. En ese sentido, buscan la “amenaza híbrida” permanente con convergencia e interconexión de diferentes elementos que en su conjunto potencian amenazas más complejas y multidimensionales.

Hoy mediante distintos usos de fases de guerras sin armas convencionales, y con el apoyo del terrorismo mediático, buscan erosionar la confianza de las masas, instituciones y el “Estado”. Combinan esa posición con la generación de desconfianza del modelo democrático. Con ambas variantes socavan de hecho la cohesión social en los distintos frentes. También cooptan instituciones, movimientos sociales y con la generación de organizaciones no gubernamentales financiadas en sus estructuras van minando la trama de transformación social de fondo.

Ellos saben que hoy es más fácil que nunca modificar creencias, aptitudes, preferencias, opiniones, expectativas, emociones y predisposiciones transformadoras. Desde hace un corto tiempo, el enemigo principal realiza acciones coordinadas y sincronizadas con las que ataca la vulnerabilidad sistémica y la modifica de acuerdo a sus necesidades de acumulación. Por eso, hay que enfrentarlos ante que sea demasiado tarde. Hoy todo depende de cómo se articule las respuestas políticas y económicas en el ámbito institucional y la respuesta que se de en la lucha de calle. Hay que retomar una sabia combinación de ambas con fuerza este último aspecto. Así mejoraremos la correlación de clases, de la relación de fuerzas y se abre nuevas y favorables perspectivas para los de abajo.

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