Argentina: EL DESAFÍO DE INFORMAR CUANDO LA REPRESIÓN ES UNA POLÍTICA DE ESTADO

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Por Javier Borelli
En los últimos dos años bajo la gestión de Cambiemos aumentaron los casos de periodistas agredidos en el ejercicio de su profesión. Trabajadores de prensa de Página/12, la revista Cítrica y La Garganta Poderosa relatan los ataques e intimidaciones sufridas para evitar el registro de lo que sucede en el país.
“El 18 de diciembre estaba cubriendo la segunda protesta en contra de la reforma previsional que se estaba discutiendo en el Congreso. Estaba sobre la plaza, detrás de un árbol y frente a la policía, que empezaba a avanzar hacia un grupo de manifestantes. Decidí quedarme para hacer fotos de la represión y en un momento veo que hay dos policías que me marcaban y señalaban detrás del primer cordón de agentes. Ahí me doy cuenta de que ya no me puedo quedar más. Me doy vuelta para irme y recibo diez impactos en la espalda”, cuenta Juan Pablo Barrientos, fotógrafo de Cítrica, el medio cooperativo creado por los ex trabajadores del diario Crítica de la Argentina en 2012 tras el cierre del matutino fundado por Jorge Lanata.
“Me caigo por el impacto y alguien me arrastra para adentro del cordón de manifestantes. Me reincorporo y me voy para la vereda para seguir haciendo fotos. Me acomodo cerca de una parada de colectivo y veo a un policía que estaba totalmente sacado tirando de manera increíble. Saco un par de fotos más, pero veo que me estaban saliendo muy quemadas porque venía de otra exposición. Así que acomodo la cámara y, cuando la levanto nuevamente, veo que me está tirando directamente a mí. Ahí saco la foto y recibo nueve disparos de frente. En la imagen se nota que gatillamos a la vez. Yo fotografié y él me disparó”, explica Barrientos en una frase que resume el contexto represivo en que hoy se ejerce el oficio periodístico en el país.
La foto de Barrientos que abre este suplemento forma parte de las denuncias realizadas por unos 30 reporteros gráficos ante la Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin) sobre el comportamiento de las fuerzas de seguridad. Mientras allí se iniciaba una investigación preliminar, una causa paralela se inició en el Juzgado Federal Criminal y Correccional N° 11 a cargo de Claudio Bonadio. A partir de ese momento, toda la investigación sobre el accionar represivo quedó a cargo del magistrado y la fiscal Alejandra Mangano, quienes no volvieron a convocar a las víctimas.
Leandro Teysseire, reportero gráfico de Página/12, también estuvo en el Congreso aquel 18 de diciembre. Y también había estado cuatro días antes, cuando el debate por la Reforma Previsional tuvo que suspenderse precisamente por la represión que arreciaba en las inmediaciones. “Recibí balas de goma de la Prefectura el 14 y de la Policía de la Ciudad el 18. Las del 14 me pegaron en las costillas y las del 18, al lado del ojo”, detalla y muestra la marca en la sien que parece haber quedado de manera indeleble.
“Yo no vi al que me disparó ni puedo asegurar que me haya apuntado a mí directamente. Pero sí habían visto que estaba con mi cámara y sabían que soy fotógrafo de prensa”, agrega quien tiene más de 12 años cubriendo manifestaciones y que no recuerda otro momento como este en cuanto al ataque sobre el periodismo.
“Me acuerdo también de la marcha tras el primer mes de la desaparición de Santiago Maldonado, se desató una cacería tremenda. Fue, como pasa siempre, terminada la marcha. Porque ni siquiera tratan de agarrar a los que tiran piedras, sino que agarran a los perejiles que quedan por ahí después. Ese día agarraron a un fotógrafo, que es uno de los 30 detenidos de ese día, y yo lo fui a fotografiar. Me acerqué cuando lo estaban deteniendo y el cana me levanta la Ithaca para sacarme de ahí. Yo empiezo a retroceder y el tipo me dice: ‘Vos te creés muy macho porque tenés una cámara’. Y me lo dice mientras me apunta con el arma. Eso me hizo dar cuenta del poder de la cámara, que es lo que ellos quieren tratar de evitar”, reflexiona quien hoy también defiende a sus compañeros de Página/12 como delegado gremial.
Represión a domicilio
Roque Azcurraire escucha los testimonios de sus compañeros con atención y asiente a su lado. Como fotógrafo de La Garganta Poderosa ya ha cubierto muchas manifestaciones y sentido la adrenalina de las balas de goma pasando cerca. Asume ese riesgo injusto por la responsabilidad con que ejerce el oficio. Pero hace poco más de un mes conoció un temor que no hubiera podido imaginar. No estaba yendo a cubrir una marcha, pero lo agarraron por villero y por fotógrafo.
“El sábado 26 de mayo estaba en mi casa en la villa 21-24 de Barracas y escucho afuera en el pasillo un griterío de los vecinos. Salgo apurado y veo cómo la Prefectura viene avanzando con palos y escudos para pegarles a unas 40 personas que había ahí, entre grandes y chicos. Primero pensé en ir a buscar la cámara, pero como la distancia hasta mi pieza era larga, lo que hice fue sacar mi celular y empezar a filmar lo que pasaba. Porque se venían los prefectos encima y se acercaban a la casa de Iván Navarro, un compañero de La Poderosa que en septiembre de 2016 sufrió torturas y un simulacro de fusilamiento por parte de la Prefectura. Entonces, levanto el celular para registrar desde arriba y veo que los vecinos se empiezan a dispersar y a meter en donde podían. En ese momento escucho un disparo. No me quedó otra cosa que correr para mi casa. Siento que intentan sacarme el celular pero forcejeo y me lo quedo. Me lo pongo en el bolsillo y me meto en mi casa”, relata Roque como si todo hubiera sucedido ayer.
“Ahí estaban mis hermanos, mis sobrinos, unos vecinos que también se metieron para protegerse, mi cuñado y yo, que nos quedamos sosteniendo la puerta para que no entraran los prefectos. Desde ahí les decíamos que era una casa, que no podían entrar. Pero nada les importó. Actuaron de una manera muy impune. Nos llevaron arrastrando y me decían que yo era el que estaba filmando, que por qué filmaba, que por qué me refugiaba, cuando en realidad yo estaba metiéndome en mi casa. Era claro que ellos me estaban buscando porque yo los había filmado, porque me lo remarcaron. Y cuando me llevaron hasta la garita me robaron el celular, el documento y la billetera. Cosas que nunca aparecieron. Después me preguntaban cosas como ‘¿dónde está la merca?’, cuando saben quién soy. Porque como la Prefectura siempre está ahí, ellos me ven siempre con la cámara en la mano y saben quién es quién. Se hacen los desentendidos a propósito, para después cagarme a palos detrás de un container, pegarme rodillazos o picanearme las piernas, como hicieron ahí. Y siempre preguntándome de qué trabajaba, qué hacía”, relata.
Pero el calvario no terminó ahí. Roque fue detenido y llevado a la comisaría. “En la Unidad 28 me hicieron poner en pelotas y me preguntaban: ‘¿Por vos hicieron tanto quilombo? ¿Dónde trabajás?’. Y yo no respondía porque tenía miedo. Estuve dos días encerrado en un calabozo y no entendíamos nada. No estaba claro qué querían que les dijera, pero siempre terminaba un tipo diciéndome: ‘Sos vos, sos vos’. A las 24 horas me sobreseyeron, y ahora presentamos una querella por lo que me hicieron a mí, pero también por mi hermana que estaba en mi casa y la manosearon. Aunque todavía no pasó nada”, finaliza.
La historia de Roque trae otra anécdota intimidatoria para Barrientos, de cuando estuvo haciendo las coberturas por la desaparición de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel en el sur. Aquella vez, recuerda el reportero gráfico que integra la cooperativa que armaron los trabajadores del exdiario Crítica de la Argentina, había decidido quedarse a dormir en la comunidad mapuche para registrar el momento en que las autoridades judiciales fueran a inspeccionar el lugar del asesinato.
“Cada algunos días tenía que salir de la Lof para cargar las baterías a Lácar, que estaba a un kilómetro. Para eso tenía que pasar sí o sí por un puesto de Gendarmería y de la Policía Federal. Al tercer día que paso a cargar baterías y mandar mails, me saludan y me dicen: ‘Buen día, usted es el fotógrafo de Cítrica’. Ya sabían quién era, y yo no iba con identificación ni había hablado con ellos. Pero tenían bien claro cómo chicanearme y meterme miedo”, relata.
“Y eso que yo viví les pasa a los mapuches todos los días y a los periodistas de la zona también. La radio Alas, por ejemplo, tiene amenazas constantes. Allá es normal que salgan acompañados a la calle porque un auto los sigue”, detalla.
Roque escucha y asiente. Eso pasa también en la misma Ciudad de Buenos Aires. A su lado, un compañero de La Poderosa que vino hasta el lugar de la entrevista con él, para que no viaje solo. “Nosotros siempre nos movemos acompañados porque los prefectos te cruzan en el colectivo y te amenazan permanentemente: ‘Negro de mierda, ya te vamos a agarrar’. Y la verdad es que uno no sabe qué van a hacer aunque esté con la cámara. Porque últimamente también te ponen droga y te llevan detenido. Inventan causas, y más con la bronca que tienen con nosotros. Quieren quebrarnos de alguna manera”, añade.
–¿En su experiencia, esto siempre fue igual o en los últimos tiempos la represión cobró más relevancia?
Teysseire: –El 18 de diciembre fuimos cuatro fotógrafos de Página/12 y todos volvimos heridos. 100% de efectividad. Lo que noto es que cuando la policía se desboca y sale a reprimir, es como 2001. Tienen una orden de avanzar. Es una sensación que tengo desde que está este gobierno. Hace 12 años que cubro manifestaciones y represiones, pero lo que se ve ahora es una sensación de permiso que tiene la cana para hacer cualquier cosa. Están desbocados y con tranquilidad. Le tiran a cualquiera porque saben que no pasa nada.
Barrientos: –Yo había recibido balas de goma en enero de 2002, en uno de los cacerolazos: me dispararon de muy cerca y me dio arriba del ojo. Pensé que lo había perdido porque no veía nada. Pero era porque me había cortado el párpado. Mi compañero, que estaba adelante mío, perdió una falange por ese disparo y se llevó la mayoría de los balines de goma. Ahí también un compañero me arrastró porque me había desmayado. Y después de ese episodio, ahora.
Azcurraire: –Yo en 2001 era chico. Pero acuerdo en que la impunidad con la que actúan es terrible, y sobre todo contra los medios populares. Apuntan y disparan contra las cámaras como si fueran a cazar a los que comunicamos, porque no quieren que se visibilice cómo actúan.
–¿Y cómo los afecta este momento, personalmente y a sus colegas?
T: –Yo he escuchado a colegas con miedo. Es lógico. Si vamos cuatro a sacar fotos y volvemos heridos todos… Pero también hay compañeros a los que esto les da más rabia y vuelven con más ganas de mostrar lo que pasa. Depende de cada uno. Creo que hay que seguir metiéndole y mostrando lo que hace este gobierno con su fuerza de choque.
B: –Lo que está pasando ahora es que antes de una marcha estamos todos hablando con quién vas, cómo te vas a cuidar, a quién hay que llamar. Porque sabemos que donde esté el conflicto, hay un bloqueo de telefonía y en cualquier momento te encontrás en circunstancias preocupantes. Por eso genera incertidumbre. Algo que antes era más tranquilo, como coordinar que en cualquier momento te vas a una esquina a mandar las fotos a la redacción o que estás siempre comunicado, ahora tenés que esperar a llegar a la redacción para saber que el otro está bien. A veces, cuando descargás toda la tensión te das cuenta de que estuviste en un riesgo muy grande. Pensás que tenés familia o hijos, y que es una locura lo que pasa. Pero hay que mostrarlo, porque si nos quedamos con lo que se publica en algunos medios…
A: –Cuando uno está con una cámara, sabe que los medios van a mostrar algo que es distinto a lo que se vive, que es la represión a los manifestantes. Por eso uno se arriesga. Como pasó en el Puente Pueyrredón el otro día, cuando la policía amenazaba con reprimir. Pero si yo no sacaba fotos, no quedaba registrado. Eso es lo que hago en las manifestaciones. No me puedo ir sin hacerlas. Tengo que meterme en todos lados. Hay que tomar coraje y gatillar.
T: –Ante el ataque a la prensa, hay una necesidad de que cada vez haya más cámaras. Porque esa es nuestra defensa. Donde se roban una cámara, donde la quieren apagar, que se levanten diez más al lado y no puedan taparnos la imagen. Y quede el documento. «
Fiscales contra los medios alternativos
El ataque sobre el periodismo sumó un episodio preocupante en marzo cuando los fiscales Germán Moldes y Raúl Pleé solicitaron revocar el fallo que sobreseyó a Ezequiel Medone y Juan Pablo Mourenza, periodistas de la Red Nacional de Medios Alternativos, que fueron detenidos mientras cubrían la manifestación al mes de la desaparición de Santiago Maldonado, el 1 de septiembre de 2017.
Pleé y Moldes consideraron que ambos fueron “disfrazados de fotógrafos, pero la mascarada resultó de muy baja calidad”, para luego añadir en tono provocador que “tal vez la próxima les toque el papel de Arlequín, Colombina o El Zorro”.
María del Carmen Verdú, referente de la Correpi, destacó que esto demuestra que “no se trata de conflictos sectoriales, sino que es un plan general que se evidenció esta semana. Entre lo que pasó en Chubut con los docentes y en capital con la FUBA hay un vaso comunicante. No es lo mismo que estén o no los trabajadores de prensa. Es la semana del aniversario del asesinato de Darío y Maxi y, si no hubiera sido por los fotógrafos, habría sido imposible condenar a Franchiotti”.
Foto Juan Pablo Barrientos
Fuente: Tiempo Argentino

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