Argentina: EL algarrobal seguirá alimentado la vida.

0 00 1 fruto de algarrobo

por Oscar Ruiz de Huidobro

El camino parece que nunca va a cambiar. Todo es árido y reseca hasta el aliento. El oro verde que nace rastrero del desmonte solo siembra riquezas en las minorías. Los agroquímicos matan y desbalancean más la naturaleza. Todo trae cada día más problemas a la humanidad toda. En plena pandemia como consecuencia de la guerra bacteriológica por mantener la hegemonía no puedo ni disfrutar del quebracho y las tuscas que van pasando y quedándose detrás con su mudez de siglos. Triste fotografía que trata de aniquilar ilusiones. Pero no podrá detenernos.

Rulo con ojos vidriosos aprieta el acelerador con las uñas del dolor cavándole hasta el ventrílocuo izquierdo. María tiene la mirada casi sin brillo. Ambos vienen desde hace un mes perdiendo hasta jirones de las luces más profundas del alma. Hay que seguir. En nuestro oficio de viejos parteros seguimos soñando con armar las rosas de la vida digna en los ombligos del pueblo. Por eso ningún crepúsculo logrará pararnos. Todos seguimos aferrados a la luz de la resistencia.

Resistir con amor. Gambetar todo. Sacar del padecimiento barriletes de ternura intacta y subirlos en las alas delta de la intransigencia es hoy la mejor representación de la vida en movimiento. El permiso de prensa desafía todo. Ya nos estamos instalando a 150 metros sobre el nivel del mar la máxima altura de Breapoceña. El algarrobal sigue soñando y aunque se sabe amenazado sigue combatiendo con sus frutos negros y blancos al hambre. La vieja estación duerme sin dejar de sentir la fiesta de la llegada del tren y los voceos vendiendo todo lo que había a los pasajeros del recuerdo.

Aunque todo cambia, nada parece cambiar con el paso de los años. Sólo un único semáforo cede el paso. Doblando a la izquierda las calles largas, muy largas y siempre polvorientas marcan la geografía plana a la que no se le anima todavía el riesgo epidemiológico. Las cactáceas con su corazón de agua y sus barbas de espinas puntiagudas de múltiples formas siempre rajan hasta el sol cuando las cruza desprevenido. La ruta de la lampalagua sigue vigente. Llegamos.

Rodi nos saluda. Abre el portón y entramos. Está contento, pero sigue tan silencioso como siempre. Con el pasar de los años habla más bajito. Nita atenta como siempre saluda a todos respetando la cuarentena. Cinco sobrevivientes juntos dispuestos a sobrevivir a este combate contra la condición humana.

Entramos el chipaco y la tortilla esperaban solidarios mientras esperábamos el turno para lavarnos las manos. Éramos trapecistas sin red desde siempre, pero el jabón era tan necesario como el aire en este circo capitalista en decadencia. Hoy la conciencia impacta distinto en los ángulos de los nadie. Está en nosotros honrar la memoria y la subjetividad para merecer otro nacimiento en esta guerra.

-¿Cómo viajaron en medio de esta cuarentena? Preguntó Nita.

-El permiso de prensa y la combi sirven para profundizar la resistencia. Conteste.

Tomamos el matecocido en taza. La tortilla al rescoldo alimento el vuelo. El análisis de la situación mundial entró tan espontaneo que nos dimos ni cuenta. De ahí hasta el balance regional y nacional no paramos. El qué hacer impregnó el encuentro y las coincidencias retroalimentaron la esperanza.

En el centro mismo del círculo incompleto de los años viajamos recordando y tratando de sembrar la vieja semilla de la libertad. Si bien no había abrazos. Las empanadas de vizcacha y el chivo hervido eran los mejores apapachos para la entrega. Un vino negro áspero parecía querer combatir al corona virus. Mientras se comía Rodi informaba y se hacían registros.

El Mocase era débil en la zona. El cura hacía un buen aguante. Se socializaba los brotes de la tenacidad para aguantar a la diaria prepotencia de los usurpadores, policía y jueces. Ellos llegaban con armas y 4×4 cortando alambres para registrar nuevos dominios. Así, desalojaban a los campesinos y originarios que poseían tierras milenariamente.

-¡Ni el Covid – 19 para a estos usurpadores! Afirmó lleno de bronca Nita.

-¡La primavera, los retoños y las flores del algarrobo y del quebracho seguirán resistiendo a todo! Aseguró María celebrando la vida.

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