Argentina: Covid – 19, cuarentena y solidaridad de clase

robi añatuya
por Oscar Ruiz de Huidobro
Estamos encerrados en cuarentena por el covid – 19. En los más conscientes hay miedo. Hoy es el primer día laboral. Todo es silencio. El patio de la escuela está vacio y en profunda y oscura mudez. Los pájaros trinan como siempre. Los árboles se siguen desnudando por la época.
Con el ritual de siempre prepare el mate. Había tiempo. Puse un poco más de tres cuartos de yerba en la calabaza. Con la palma de la mano izquierda tape la boca del mate y moví en círculo y hacía arriba y hacía abajo varias veces todo. El termo ya estaba con el agua caliente lista.
No había chipaco, ni bollo, ni pan casero. Rosario ni las otras mujeres del pueblo pudieron amasar. El torno de madera no recibía la masa. La leña y las chamizas estaban amontonadas desde hace días bajo el piso del horno de barro. Que estaba tan frío, como perdido y ajeno a todo.
Rosario me miro por el entramado de las pencas que dividía como frontera los dos ranchos de adobe. Saludo.
- Buen día. Hoy sigue a mate «pelao». No amaso. No prendo el horno porque no puedo salir a vender por todo esto. Ya no hay un peso. Hace mas de una semana que no trabajamos. El Santos no puede salir a hachar. La chinita no puede salir a vender el pan. El chango más chico no puede ni ir a hondear a ver si trae algo «pa`» la olla.
- Sí Rosario. La comprendo. Por este virus no podemos salir. Menos mal que compramos varios paquetes de yerba. Fideos. Arroz. Conserva. Aceite. Azúcar. Las «alpargatas» y las zapatillas de salir seguirán rotas nomas. Necesitábamos comida.
Hay que cuidarse que si ese bicho gringo llega aquí hará desastre. Mal alimentados y sin lugar para aislar a cualquiera de nosotros con el bicho todos pueden contagiarse.
La Rosario se fue a tomar su mate dulce sola.
El primer amargo de forastero enmudeció hasta mi soledad. Segui sentado en la galería para ver si pasaba gente por la calle que ya lleva como tres centímetros de tierra flojita que levanta vuelo hasta cuando las alas del pirpinto pasa planeando sobre la tierra amontonada por la sequía.
Pasa una moto. Ya que es más barata sostenerla que un buen caballo. Levanta una polvareda infernal. Y otra vez silencio.
Otro mate amargo y el infierno del pueblo comienza a sentirse a las 8 de la mañana. Dicen que hoy hará 38 grados a la sombra. Mejor. También comentan lo que saben que el bicho se muere si llega hasta estos calores.
Por las calles de Añatuya no pasa nadie. Dicen que ya hay 502 hermanos y hermanas con el bicho. 8 murieron. Los controles en las grandes ciudades no lograron parar la gente que salió a la calle. Eso es peligroso.
El termo está casi vacío. De pronto el amor ajeno a todo marcha con dos jóvenes abrazados y defendiéndose cada unos tantos metros para darse un beso. El amor desafía a la guerra bactereológica que largaron los yanquis para tratar de mantener la hegemonía.
Aparece el Francisco. Saluda. Lo provoco con un amargo y me dice:
-Gracias. Ya viene Dolores con el mate dulce.
- En una hora pasaron 3 únicamente. Un chango en una moto que no saludo. Y una parejita besándose desafiando todo el infierno.
- No entienden. Con Dolores estuvimos hablando anoche. La piezita que era del viejo. La vamos a limpiar a fondo vamos a sacar los muebles y será la cama de aislamiento si llega el covid – 19.
- El viejo murió hace dos años y la habitación está vacía. Eso será nuestro centro de aislamiento.
- Buen día. Dijo Dolores que no le dolía nada en sus 65 años.
Francisco y yo saludamos.
Dolores se sento y empezó la ronda de mates de este viejo matrimonio que sobrevivió a todo.
Me quede pensando en la propuesta de Francisco de la sala de aislamiento.
- Chango, vos podes tener una pieza de aislamiento y eso que vine yo al acto del 24 y quede guardado en la pieza de tu hermano. Pregunta: ¿Cómo harán la mayoría de los habitantes del pueblo que no tienen habitaciones y viven hacinados?
- Podríamos proponerles que cada uno haga barro. Junte sunchos. Apisone el piso. Heche acaroina. Corte horcones y paja y haga una piezita nueva para aislamiento. Después, que pase todo servirá para los más chicos.
- Buena propuesta. A vos te darán bola. El pueblo te respeta.
- Eso es relativo.
- Pero vos propusiste hacerle una escultura al Roby y se la hicieron.
- Cierto. Pero no fue fácil. Costo un poco. Aquí lo conocían a los hermanos Santucho y al viejo «Castrito» y a otros que eran perros y luego «errepe».
- Que macana justo ahora no pudimos hacer el acto el 24. Lo haremos el 19 de Julio si podemos. Dijo Dolores.
- Puede ser. Pero mejor sería hacer cartas. Y explicarles al pueblo porque tienen que hacer una piezita más.
- Perdón. ¿Cómo la repartimos? Escribimos más o menos 40 cartas tipo panfleto cada uno. Le damos todas a la vecina. La vecina, se queda con una y se acerca a la otra «quincha» y hace lo mismo. Llegará a la manzana y alguien se cruzará y entregará a la otra manzana y listo.
- Es probable. Hay que explicarle bien en la carta.
- Meta vamos a empezar a redactar una. Y después la hacemos en serie.
- La puta si tuviéramos un mimeográfo lo hacíamos en un rato.
- Pero no hay. Redacta vos que Dolores y yo buscamos cuadernos.
Dejamos los mates y la galeria y nos fuimos a reinaugurar un viejo medio de comunicación de masas.

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