ARDE GRAN BRETAÑA

Por La Tribuna de los Sin Voz

Desde el pasado jueves, distintos barrios del norte de Londres están inmersos en una histórica ola de violencia que continúa sacudiendo a la potencia europea. Los primeros disturbios se desencadenaron a raíz del asesinato por parte de la policía británica de un trabajador negro en el barrio de Tottenham. El lunes los enfrentamientos entre la policía y miles de jóvenes de sectores populares se cobró una nueva víctima, otra vez, a cargo de los oficiales. Detrás de las muertes, la violencia, los saqueos y desmadres existe un trasfondo político, económico y cultural que condena a la marginalidad cada vez a más jóvenes, principalmente a los de los barrios más postergados de la ciudad, con gran porcentaje de población inmigrante.

 

 

 

 

Mark Duggan era un taxista de 29 años, padre de 4 hijos y vecino del barrio de Tottenham, al norte de Londres. El joven trabajador conducía el vehículo que utilizaba para mantener a su familia cuando, en condiciones todavía no esclarecidas, recibió una ráfaga de balazos por parte de un grupo de policías británicos que se encontraba realizando un operativo en la zona. Como uno de los oficiales resultó herido, la coartada de la policía fue inventar un supuesto enfrentamiento con Duggan; sin embargo, las últimas pericias de balística dieron a conocer que la bala que hirió al policía pertenecía a las armas de esta fuerza.
El asesinato a sangre fría de Mark Duggan desató la ira en los vecinos de Tottenham. Esa misma noche, la familia de la víctima junto a un gran grupo de personas se dirigió a la comisaría en respuesta a la promesa de ser recibidos por un oficial, con el fin de aclarar la situación. Nadie los recibió. No hizo falta mucho más para que la rabia hiciera estallar las calles de los suburbios de Londres; desde el jueves no cesan los enfrentamientos entre la gente y la policía, a lo que se han sumado saqueos, destrucción de edificios, el incendio de un inmenso depósito de la empresa Sonny y hasta actos de delincuencia. La bronca invade las calles de las principales ciudades británicas, y basta ingresar a cualquier portal informativo inglés para ver cómo los postergados, los humillados y los siempre marginados del modelo inglés han tomado las calles.
Ya suman más de 500 los detenidos, hay cerca de 44 policías heridos y 14 civiles hospitalizados, mientras alcanzan a dos el número de muertes. Hoy martes 9 de agosto, el primer ministro británico David Cameron anunció que se han reforzado las medidas de seguridad, que hay más de 17 mil efectivos en las calles y que el gobierno hará todo lo posible por reinstalar “la ley y el orden” en el país. Sin embargo, muchos analistas, periodistas y académicos afirman que la escalada de violencia no es producto solamente de una muerte injusta sino de la crisis de un sistema que desde hace ya mucho años está excluyendo violentamente a una gran parte de la población.

Racismo, exclusión y persecución

No es casual que sea Tottenham el epicentro de las manifestaciones. Este barrio ya posee una página en la historia reciente de Gran Bretaña por un hecho ocurrido en 1985: Cynthia Jarret, una ciudadana negra, madre de dos hijos, falleció de un infarto cuando la policía irrumpió violentamente en su domicilio, en medio de una razzia policial. Los disturbios y manifestaciones fueron masivos y pusieron en vilo a la sociedad británica durante varios días.
En Tottenham, como en otros barrios de los suburbios de Londres, se concentran miles de familias pobres, de inmigrantes desempleados y de jóvenes sin más expectativas que sobrevivir. Las voces de los manifestantes que se pudieron oír durante los últimos días subrayan el malestar cotidiano producto de la violencia racial de la policía, la persecución constante que sufren los negros, asiáticos y judíos de estos barrios y el maltrato extremo de una sociedad que los quiere fuera, bien lejos.
Las nuevas postales de Londres y sus alrededores, lejos de las imágenes turísticas de la ciudad con niebla, exponen las consecuencias de la crisis que está poniendo en jaque al mundo capitalista. Las medidas del gobierno británico ante la expansión de la crisis del modelo tuvieron como eje central la reducción del gasto público (oh vieja y conocida receta) que, en Inglaterra, implica la reducción de empleos disponibles y de subsidios para la alimentación, la salud y la vivienda. El gobierno de Cameron dispuso ahorrar a partir de este año unos 91.000 millones de euros reduciendo el gasto destinado a asegurar un mínimo de bienestar a quienes más lo necesitan.
Como vemos, aunque los medios masivos de comunicación levanten sus voces para tildar de criminales y ladrones a los miles de manifestantes, la semana violenta que viene viviendo el país dista muchísimo de un explosivo ataque de vandalismo colectivo. La crisis de un sistema que se sostiene en la exclusión pareciera ser una de las principales causas de los hechos que sacuden a Europa. Si la solución de los gobernantes continúa siendo el recorte de los fondos destinados a los más afectados por el sistema, seguramente estallarán muchos Londres más en todo el continente.

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