ACERCA DE LA COMUNICACIÓN POPULAR

img0
0 Flares 0 Flares ×

Bajo el título Comunicación y Poder Popular, con fecha 31 de agosto de 1983, ALAI publica un “Servicio Especial” para socializar las experiencias de los equipos de comunicación popular comprometidos con la entonces llamada “Coordinación Informativa”, que se articuló en el “I Encuentro de Prensa Popular” realizado en Montreal en noviembre de 1978. Allí se señala que ALAI elaboró un breve texto de orientación, en el cual se asume que “nace políticamente comprometida con la transformación social de América Latina. Compromiso que no supone afiliación a una línea política partidaria. ALAI se plantea en la práctica informativa la tarea de convertirse en instrumento de las organizaciones, grupos o movimientos que en América Latina se plantean la necesidad del cambio social… Tarea que, por la naturaleza misma de ALAI, no se sitúa en el orden de la agitación o propaganda, sino en el de la información sistematizada”. Para más adelante acotar: “Los objetivos generales así planteados pusieron en cuestionamiento, inmediatamente, toda pretensión de impulsarlos de manera aislada. De un lado, teníamos una comprensión casi acabada de los problemas complejos y profundos que plantea la información; de otro lado, de las dimensiones estratégicas —también difíciles de implementar— de las tareas planteadas”.

“Ambas constataciones nos llevaron luego por el camino de desarrollar vínculos ‘orgánicos’ con el movimiento social y con los grupos y equipos de comunicación que estaban insertos —en una medida u otra— al interior del movimiento social en América Latina. En el primer caso, utilizando nuestras publicaciones como mecanismo principal de relacionamiento; la vinculación con equipos de comunicación popular, en cambio fue, impulsada por medio de dos instrumentos: la realización de tareas conjuntas concretas y los encuentros de intercambio”. En la mencionada publicación se reproduce el siguiente texto que “sirvió de introducción a nuestro balance de cinco años de actividad”. (ALAI) Reflexiones (Servicio Especial “Comunicación y Poder Popular”, 31/08/1983) En América Latina y en el Caribe existen y han existido importantes experiencias de comunicación divergentes del sistema dominante. Muchas de ellas, sin embargo, han desaparecido sin transmitir el cúmulo de logros alcanzados, dejando vados y preguntas sin respuestas. Para diferenciar estas experiencias, que han sido críticas al carácter comercial, vertical, jerarquizado, elitista y burocrático, etc… (caracteres específicos finalmente de los medios de comunicación dominante) se ha recurrido al calificativo de medios de “comunicación alternativa”. Estos medios de comunicación alternativa se han limitado muchas veces a intentar modificar una o varias de las características específicas de los medios de comunicación del sistema. Por ejemplo, ha favorecido la conformación de grupos, en la idea de desarrollar una comunicación más horizontal, anteponiendo los “micro medias” a los “macro-medias”: también han 5 puesto canales de comunicación al alcance (formal) de sectores sociales marginados o producido modificaciones a nivel de códigos, etc… Sin embargo, no en todos estos casos se puede hablar de rupturas radicales frente al sistema dominante (muchos ni siquiera se lo plantearon), por el contrario, la mayoría se han limitado a un rol complementario, tratando de llenar los vacíos dejados por el propio sistema o concentrando su acción en el reclamo de reformas (particularmente en lo que se refiere a la democratización del sistema que margina a amplios sectores sociales). En otras circunstancias han cumplido la función de grupos de presión que reclaman una acción correctiva por parte del Estado, para contener los excesos del sistema. Ante esta situación, y para demarcar posiciones frente a la ambigüedad del término “comunicación alternativa” que se ha venido utilizando equívocamente, los diversos grupos comprometidos en esta empresa han procedido a identificarse en razón de la acción específica de su trabajo: como comunicación de base, marginal, horizontal, de grupo, de participación popular, etc. Empero, esta puntualización, sin la correlativa definición conceptual y las implicaciones prácticas que de ello se desprende, ha quedado en gran medida prisionera de una problemática circunscrita a los medios de comunicación, ubicándose como un problema intrínseco a los medios de comunicación, o, muy secundariamente, en relación a la estructura social vigente. Esto es, otorgando valores congénitos a los medios de comunicación, sin tener en cuenta que la acción de éstos depende tanto del proyecto y del contexto en que se ubican, como de las formas de su utilización. Así, al considerar que las características de los medios de comunicación están definidas y dadas de una vez por todas, se ha perdido de vista las exigencias de cambio que requiere la ideología dominante para continuar siendo tal, de modo que numerosas experiencias de “comunicación alternativa”, no lograron evitar ser asimiladas por el sistema. Al interior de un proceso en el que se va superando un accionar en función de una política de medios, para articular una política centrada en objetivos, se va definiendo también el campo de la comunicación popular, puesto que se desarrolla a medida que se comprende que los esfuerzos realizados en el campo de la comunicación resultan inútiles si no van articulados a los procesos destinados a cambiar el cuadro estructural y por consiguiente ante la necesidad de contribuir a desarrollar la conciencia de los sectores populares y a favorecer su organización. Obviamente, esto no se da al margen de la acción específica desplegada en el seno de los sectores populares, de sus necesidades y de sus ritmos de desarrollo. En este proceso han estado inmersos grupos con prácticas diversas y provenientes de puntos de partida diferentes, que junto a su experiencia acumulada, han puesto en evidencia los obstá- culos a superar para alcanzar niveles de acción cualitativamente superiores. Así tenemos que la comprensión de la necesidad de desarrollar nuevas prácticas, no estuvo ajena al espontaneísmo y activismo anteriores, y la sobrevaloración de las posibilidades de los medios de comunicación popular (y en términos parecidos de la educación popular) al hecho de que se les desligara del conjunto de las otras prácticas. En la medida que fueron considerados como el instrumento exclusivo para que las masas tomaran conciencia de su explotación y opresión, e incluso, haciendo de esto la condición suficiente para que ellas pudieran liberarse, se descuidó o negó la importancia de las tareas de organización y movilización, desconociendo el carácter formativo que éstas tienen. Por otra parte, las nuevas situaciones que se han ido presentando en esta perspectiva renovadora, tampoco han estado exentas de pasos en falso. Así, la necesidad de dar lineamientos políticos al trabajo informativo ha llevado en muchos casos a reducir el problema a una cuestión de militancia, descuidando el hecho de que es preciso dar definiciones políticas específicas a las diversas instancias organizativas de que se dotan las masas; única base sólida para una articulación positiva de las 6 523 abr/2017 organizaciones partidarias. Situación muchas veces reforzada por actitudes incorrectas de los partidos políticos que ha llevado a subordinar a sus intereses particulares cualquier tipo de organización o actividad de los sectores populares llegando a reducir la acción de la comunicación popular a un simple doctrinarismo. Actitudes de este tipo han conducido a reforzar también, las posiciones de quienes, desde una óptica populista, mistifican las virtudes del pueblo, al que consideran una unidad monolítica portadora de toda verdad y justeza, desconociendo el peso de la ideología dominante y negando el rol especifico de la conducción y dirección política. Consideramos que es suficiente el señalamiento de estos pocos problemas planteados en la práctica de la comunicación popular, como para llamar la atención sobre la profundidad y amplitud de los obstáculos presentes (no se diga los de orden material) y la necesidad de un esclarecimiento conceptual y de lineamientos políticos (que no se limite a una yuxtaposición de alusiones o citaciones) que coadyuven a superarlos. Y en verdad, son múltiples los esfuerzos que se han venido haciendo en este plano. Pero de manera particular nos remitiremos a los intentos más próximos a nosotros, como son los encuentros sobre “Prensa Popular” promovidos por ALAI, en donde se trató de avanzar elementos para definir la “comunicación popular”, como un primer intento para superar el carácter descriptivo con que se ha venido utilizando el término. En efecto, el término se ha venido utilizando en el sentido amplio de “alternativo”, y particularmente identificando “popular” con artesanal o la predominancia de elementos artesanales. De donde, un periódico mimeografiado es automáticamente considerado como “popular”, y en cambio se plantean dudas respecto a si es o no “popular”, una publicación que ha alcanzado una mínima estabilidad técnica-financiera. En cierta medida, el uso es análogo de aquel que se hace con las palabras “ricos” y “pobres” o “favorecidos” y “desfavorecidos” tratando de hacerlos conceptos explicativos de la sociedad. En otros sentidos, “popular” se liga de manera indistinta a las diferentes etapas del circuito informativo o comunicacional, como son: el lenguaje que se utiliza, los sujetos que aborda, el tiraje limitado, los receptores. etc. Es decir, se trata de definir a un medio de comunicación de “popular” a partir de una característica que de pronto se convierte en explicativa del conjunto. El término “popular” hace referencia a una totalidad: la sociedad. Y dentro de ella nos está señalando una relación de dominación: sector dominante/sector popular. Es decir, el término “popular” solamente resulta comprensible al interior de esa relación de dominación en la cual encuentra su razón de ser, fuera de ella, en tanto término de estratificación social a lo mucho puede tener una utilidad descriptiva, pero no explicativa. Por otra parte, esta relación de dominación, que expresa el problema del poder, tampoco es capaz de dar cuenta, por ella sola del ordenamiento de la totalidad social, de las leyes que la vertebran y en torno a las cuales se reproduce; para estos es preciso llegar hasta las clases sociales y las relaciones existentes entre éstas. En este sentido, sin un análisis serio de clases no es posible definir cuáles son las clases sociales que conforman el sector popular, ya que éste se encuentra dividido en clases que tienen, a su vez, contradicciones entre ellas, ni tampoco es factible establecer lineamientos políticos para el sector popular, sin definir cuáles son sus clases básicas. De acuerdo a lo anterior, la referencia que hacemos a los medios de comunicación popular, está en relación a los medios de comunicación que se inscriben dentro de la lucha que antepone el sector popular al sector dominante. Sin embargo, esta aproximación conceptual resulta por demás insuficiente y, por lo mismo, vaga. La preocupación en este sentido no obedece a una necesidad de juzgar cuales ex- 7 periencias deben ser o no catalogadas como populares, sino ante todo la necesidad de precisar las limitaciones y especificidades de la acción de estos medios. En efecto, si estos medios se inscriben dentro de la contradicción: sector dominante/sector popular, es obvio que las limitaciones y las especificidades de su acción habrán de estar condicionadas por esa contradicción. La cual nos refiere a la cuestión del poder y de manera particular al carácter democrático (no necesariamente legal) de la lucha del pueblo por su auto-gobierno, cuestión que no puede ser considerada en abstracto sino dentro de las determinaciones de clase. Esto es, en relación a los proyectos que sustentan históricamente las clases, cuya expresión inmediata podemos especificarla en dos aspectos: uno que hace relación al enfrentamiento con el bloque dominante, y otro, que se refiere a la hegemonía en el sector popular, que sin ser disociados, plantean problemáticas cualitativamente diferentes. Al referirnos a la lucha por el poder, no nos estamos limitando a la lucha por el gobierno (reducción que conduce a una lógica de cúpula, de dirigencias – sea electoralista o no) y por lo mismo tenemos presente una línea de masas como expresión real de poder, de hegemonía. Entendiendo la hegemonía como un concepto ideológicopolítico que implica conducción, que no es lo mismo que un concepto cuantitativo que se equipara a mayoría. Es decir, como una lucha por elaborar una alternativa de sociedad, que supone una toma de conciencia de la situación actual para actuar conscientemente por su transformación. De ahí que sea una tarea de primera importancia la organización de las masas populares y su participación política, no solamente en las cuestiones de gobierno, sino en el conjunto de los hechos sociales, como base para la afirmación real de la democracia y como forma de lograr y efectivizar el poder popular. Por lo mismo, los medios de comunicación popular no son los únicos instrumentos con que se cuenta para la realización de estas tareas. De ahí que es importante definir el rol particular de los medios de comunicación popular dentro de la lucha social. Por ejemplo, en el momento actual en que la necesidad de la unidad constituye un principio aceptado por todos, resulta importante definir cuál es la competencia especifica de estos medios para impulsar la unidad de una manera práctica y, va de sí, para asumir las consecuencias que resultan de esa unidad en la organización misma de los medios de comunicación popular, entendiendo que la unidad no es un problema de nombre, sino de trabajo común. Acaso por la falta de estas precisiones, algunas organizaciones que han intentado articular procesos unitarios en torno a la conformación de un comité de redacción conjunto para una publicación, no han logrado éxitos mayores, como tampoco quienes han tratado de reducir dichos procesos a un debate de prensa. Por otra parte, el hecho de que el pueblo esté compuesto de varias clases y que cada una de estas tampoco sea homogénea, lleva a que entre los medios de comunicación popular existan diferenciaciones en función del sector al que se encuentran articulados y al papel que se asignan al interior del mismo y en el marco general de las luchas populares. Esta diferenciación establece un punto capital para la especificación de los medios de comunicación popular. ¿Cuál es su articulación con los sectores populares? En consecuencia, los medios de comunicación popular son indisolubles de los problemas de organización, y por lo mismo las características que estos pueden asumir no pueden estar prefijados por un modelo teórico, si no vertebrados por las condiciones y exigencias específicas de los niveles organizativos. En este sentido, si bien las exigencias tácticas habrán de moldear las especificidades de los medios de comunicación popular, es preciso a su vez que estos tengan definiciones claras y precisas en términos políticos para que no se constituyan únicamente en instrumentos pasivos, sino en medios activos para impulsar la organización, la formación y la movilización. 8 523 abr/2017 De manera que la transformación de esta situación no será la obra de actos aislados y voluntaristas, sino de actos organizados y conscientes en la medida que para que se dé esa transformación es preciso la destrucción de las leyes que rigen este sistema y de las estructuras en las que se apoya. Pero, así como no es suficiente el voluntarismo para la transformación social, tampoco lo es para superar los condicionamientos estructurales que imprime la sociedad en los medios de comunicación. Es preciso una comprensión de esos condicionamientos para elaborar estrategias y dotarse de mecanismos tendientes a superarlos. Superación que implica pensar los medios de comunicación popular en función de la organización del sector popular y no solamente como instrumentos de réplica discursiva. De ahí, que el conocimiento de la realidad local, nacional e internacional no debe ser solamente una exigencia para la implementación del trabajo informativo o comunicacional, sino que aún más debe constituirse en el marco de referencia para la implementación organizativa. De la misma manera que los medios de comunicación popular, en tanto instrumentos de la lucha ideológica en el terreno de la comunicación, no agotan el conjunto de problemas propios a este terreno de la comunicación (por ejemplo, la lucha en torno a los medios de comunicación en el plano institucional), así mismo el desarrollo de planteamientos generales que se producen en el campo de la comunicación no agota los problemas específicos a la práctica comunicacional de los medios de comunicación popular. Es decir, ya en relación a nuestras preocupaciones, la superación de los actuales niveles de nuestra práctica nos exige una formulación de los problemas específicos que éstas enfrentan, más que una búsqueda de recetas que se puedan extrapolar de los planteamientos generales. (ALAI). Entonces, si por un lado se plantea la necesidad de elevar la conciencia de los sectores populares, por otro lado es preciso adaptarse a los diferentes niveles de conciencia, sin que esto necesariamente suponga o justifique una vulgarización que desfigura las posiciones a plantearse: no se puede reducir la política a la pedagogía. En tanto instrumentos de los sectores populares, los medios de comunicación popular se inscriben de manera particular en la lucha ideológico-política que en el terreno de la comunicación oponen esos sectores al bloque dominante. Como tal, el problema de la articulación nos está refiriendo directamente al problema de la organización, ya que la fuerza ideológica dominante (particularmente dentro del campo de la comunicación) no resulta tan sólo del inmenso poder de difusión de sus mensajes que le confiere el control de los canales de comunicación, sino que además está presente la capacidad de convalidar esos mensajes dentro del conjunto de los procesos sociales: en la organización social misma. Y esa capacidad se da precisamente, porque la ideología no es estática. El ordenamiento de los medios de comunicación no es pues resultado de una lógica de ineluctable evolución de los mismos, sino de la acción de la sociedad en que se inscriben. En su esencia la sociedad capitalista se caracteriza por el aislamiento y atomización de los “individuos” sobre la que se funda su orden. Es decir, la organización de la sociedad en función de las clases dominantes implica la desorganización social de las clases dominadas. De ahí que la organización popular constituya un instrumento clave para contrarrestar la influencia ideológica dominante en el seno de los sectores populares; supera así su condición de conglomerado aislado, disperso y amorfo, para ir tejiendo y clarificando la comunidad de sus intereses, mientras la acción le permite medir la fuerza que representa.
Fuente: ALAI

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>