«A MAYOR PRODUCCIÓN, MAYOR ES LA CANTIDAD DE HAMBRIENTOS»

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Se comienza a debatir la ley de semillas. Hay nueve proyectos que intentan ponerle precio a la vida. El ingeniero agrónomo y docente de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria, Raúl Bottesi, nos explica lo que se viene.
Una ley que privatiza la naturaleza, nos envenena, genera más hambre, destroza el medio ambiente, le da ganancias millonarias a las empresas multinacionales y pone al Estado como garante y fuerza policial para asegurar sus negocios. Se trata de la ley de semillas, de algo tan absurdo como patentar una vida. “Pretenden que una especie que es natural y que es patrimonio cultural y social de los pueblos tenga un dueño”, denuncia el ingeniero agrónomo Raúl Bottesi, quien forma parte de la Multisectorial NO a la Ley Monsanto de Semillas.
“Una semilla de maíz o de soja, se puede modificar genéticamente, pero la realidad es que la semilla ya existía. El maíz tardó cientos de miles de años en llegar a ser el maíz actual. Lo modificó el clima, el trabajo del hombre, muchas cosas. Pero nunca se había llegado al nivel de producirlo como parte del genoma de una bacteria”, explica Raúl. Lo explica aunque debiera ser obvio: las semillas no son propiedad de ninguna multinacional.

¿A qué apuntan los proyectos de ley de semillas?
Son nueve proyectos distintos, el más fuerte, el que se podría aprobar es del oficialismo. Pero lo relevante es que todas estas leyes y proyectos apuntan al patentamiento de la semilla y de la vida. La multinacional, “la dueña de la semilla”, quiere esta ley para que el gobierno se haga cargo de las inspecciones para controlar a los productores que se guardan las semillas. Monsanto le transfiere el control policial de su negocio al Estado. De esta manera el Gobierno pone camionetas y combustible para defender el progreso de la multinacional.

¿Cómo afectaría la ley a los productores?
Los deja sin la libertad de guardar sus semillas. Es una ley que avala el accionar de las multinacionales y los semilleros porque cada vez aleja más al productor de la semilla, lo obliga a ir a comprarla todos los años. No la puede guardar, si la quiere volver a utilizar la empresa le cobra regalías. Y se crea un aparato estatal para controlarlo. La empresa tiene “derecho” a ir a ver si los productores se guardaron semillas y, en caso de que lo hayan hecho, cobrarle la regalía. Si el productor aumenta la superficie de siembra y necesita más semillas no importa. Deberá pagar más regalías porque la multinacional establece que quiere un resarcimiento por el dinero invertido en tecnología para las semillas.

¿Qué pasa con los pueblos originarios o los pequeños productores con esta ley?¿También le van a tener que comprar la semilla a las multinacionales en vez de sacarla de la tierra?
Desde el oficialismo dicen que hay una pequeña restricción, que dejarían de lado a las personas que se anoten en algún registro para no ser alcanzados y que podrían permitir variedades sin que estén registradas, pero la verdad que no sabemos si será así. Porque a la vez el proyecto de ley dice que las semillas que se van a utilizar son las que provengan de los obtentores. Los obtentores son los creadores de las variedades, los que pretenden ser los dueños de la semilla, las multinacionales.

¿Cómo nos repercute la cuestión de las semillas en nuestra alimentación diaria?
La finalidad de esta ley es transformar la producción de nuestros alimentos. Y la quieren transformar para mal: estamos contaminados con cientos de productos químicos. En Capital Federal tenemos nuestra sangre contaminada con insecticidas y fungicidas. No es normal, es algo que se transmite a través de los alimentos que consumimos diariamente, y se demuestra tan solo con un análisis de sangre. Esto se debe a los genomas de bacterias que se introducen en las semillas. Por ejemplo, a la semilla de soja le ponen un genoma para hacerla resistente al glifosato. Ese genoma no tiene ninguna otra propiedad positiva, no genera ningún beneficio a nuestra alimentación. Solo sirve para matar todo lo que está alrededor. En el caso de la semilla de maíz directamente se introduce un insecticida que ataca a las maripositas que están por ahí. O sea que el maíz que se cultiva y nosotros comemos tiene un insecticida dentro de sus componentes, comemos algo que no es un alimento de buena calidad.

¿Tienen algún beneficio los agroquímicos?¿Cuál es su finalidad?¿Qué se produzca a mayor cantidad?
Siempre el discurso oficial de los países fue que los agroquímicos se usaban para aumentar la producción y que la gente no se muriera de hambre. Sin embargo la realidad es que a mayor producción aumenta la cantidad de gente hambrienta en el mundo. Es un negocio de las multinacionales que nos engañan para producir con agrotóxicos. Ese relato de las multinacionales y los gobiernos de que hay que producir con químicos es mentira, lo que prevalece es el negocio de las multinacionales y el de los gobiernos también.
El mejor ejemplo sucedió en el año 2007/8, cuando hubo una cosecha récord en todo el mundo y las empresas líderes obtuvieron porcentajes elevadísimos anuales de ganancia, entre un 40 y 50% de un año a otro. Esa cosecha récord en base a tecnología y producción con agroquímicos sirvió para que se ganara dinero y no para saciar el hambre en el mundo. Es paradójico. Parece que no puede ser pero es así. Los alimentos no son alimentos sino que son mercancías. Van a parar a una parte del mundo donde se pueden comprar y los que no pueden comprarlos, las poblaciones con menos recursos de los países menos desarrollados, sufren un hambre mundial que no desaparece nunca. No se produce alimento, sino mercancía y la mercancía no tiene patria, va adonde le paguen más.

Fuente: Revista Cítrica

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