Carta a una compañera

santucho-y-sus-tres-hijas-gabrielaana-y-marcela-con-su-compaac3b1era
0 Flares 0 Flares ×

Ani por tus venas corre la misma sangre que nos impulsa a seguir soñando. Cómo no soñar si el Negro nos enseño a hacerlo. Personalizo en él a Sayito, Chato, Tirso, Clarisa, Antorcha, Colo, Susana, Parche, Pájaro, Chaparros, Germán (…) nuestros amores más cercanos, y a todos y cada uno y cada una de las compañeros y compañeras que nos faltan. El Negro y ellos, son los terroristas de la alegría. El Robi y ellos son los subversivos de la ternura. El Carlos y ellos son los extremistas del amor por el otro. Por él y ellos seguimos vivos y amalgamando la esperanza en la lucha. Lucha que de una u otra forma hará feliz a ese otro por el que dimos, damos y daremos todo. Por ese otro, que muchos los nombran sin que les duela nada.
Ani en el ovario triste de esta noche fría ardo en recuerdos. Hablando contigo se me escaparon un par de recuerdos cuando andábamos en el monte. En ellos, por supuesto anda el Negro incitándonos hasta en el hondo del hueso de la existencia. te cuento que n medio dela montaña con los ojos húmedos de amor y sueños nos fuimos acostumbrando a todo. Lo desconocido no era nada más que una sana costumbre de matar a tajos el asombro. La soledad te tironeaba el musgo de las alpargatas y te trepaba creciendo como la víbora de las madreselvas. Los ruiseñores de la sangre se adueñaban de nuevas sensaciones y las repartían una a una entre las guitarras del alba. Sentirse alerta era como formar parte del paisaje. Las hilachas del recuerdo del futuro te mimaban los pies hinchados y cansados. A medida que crecía la luz el silencio colectivo se iba transformando en un caldo espeso, que de tan espeso solo podría cortarse a cuchillo. Crecíamos en ademanes y nos desmaterializábamos en gestos. Las señas cada vez más vivas a contraviento de aquel rumor que se escapaba de un pedazo de vida ajena a nosotros nos alargaba la falta de sueño. Por aquí o más allá del silencio se encendía la piel del valle siempre alerta para protegernos. Los helechos siempre vivos se entremezclaban con el agrio salvaje de las naranjas del monte. El avión de reconocimiento mutaba hasta la lengua filosa del viento. En la columna vertebral de la quebrada se entremezclaban las voces y los sonidos lejanos de los corazones represivos llenos de sudor y miedo. El acero de los cascos crecía en peso en la hondonada y golpeaba el sistema nervioso de los colimbas. Los pájaros huían desorientados con las alas llenas de malos presagios. Mientras tanto nosotros nos enroscábamos en la dulce miel de la violencia del amor asustando hasta el miedo. El ronquido cercano de los helicópteros quebraba el follaje de la siesta mordiendo el aliento de todo lo que latía en el monte. Cada uno sabía o creía saber lo que tenía que hacer ante el enemigo, pero a pesar que desconocía que harían los ojos vidriosos del compañero que tenía al lado se confiaba al todo o nada en el aspirante a hombre nuevo que marchaba al frente o detrás de uno. Un mínimo gesto de desconfianza enrojecía pidiendo la autocrítica manifestada en hechos concretos que se expresarían en el cuidado de la espalda del compañero en el combate. Así, se templaba el coraje en la forja de la conciencia.
Así andábamos con nuestras manos alfareras esculpiendo hasta el instinto de clase. Hoy a 41 años de la caída del Negro, resignificó todo en medio de esta jungla de cemento. Tal vez por eso sigo desafiando a los mismos de siempre por otra vía. Hoy te escribo querida cumpa con lágrimas en los ojos, el corazón en la mano y con el puma que todavía sobrevive sin arrepentimiento alguno topetando hasta la última gota de la sangre.

oscar

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>