LA EXPERIENCIA COOPERATIVA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DEL NORTE EN LA AUTOCONSTRUCCIÓN DE VIVIENDAS

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En el marco del plan de viviendas que la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT) viene levantando en el Impenetrable Salteño, junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, desde hace más de un año, conocimos el trabajo que realizan las cooperativas guaraníes en distintas comunidades wichí.
Dejando atrás un camino sinuoso y no apto por las frecuentes lluvias del Impenetrable, llegamos a la misión de Pacará (nombre que hace referencia a un árbol típico de esa región), que cuenta con una población de 148 habitantes, según datos del censo 2001, de la etnia wichí. Allí trabajan diariamente los trabajadores cooperativos en su mayoría guaraníes, para levantar medio centenar de viviendas destinadas a esa comunidad.
Los 30 asociados a la cooperativa Guaraníes Ltda trabajan junto a 35 hombres de la comunidad, avanzando en esta obra que tiene fecha aproximada de entrega a mediados de julio.
Allí estuvimos dialogando con Marcelino Amázaga, un joven plomero proveniente de Tranquitas, del Dpto. Gral San Martín, a unos 50 kms. de Pacará, quien nos mostró orgulloso las viviendas por dentro, “de uno a cuatro dormitorios, según el número de integrantes de cada familia, además del lavadero y los baños”.
Los campamentos cuentan con cuartos de descanso y trailers sanitarios con su cocina correspondiente. Parte de los cooperativistas se suman a las tareas de cocina. Como por ejemplo Nelson Zubelsa, panadero cooperativo desde 2015, y como él mismo manifiesta el “tecero”, quien prepara el desayuno y la merienda, tiene a su cargo la elaboración del pan de cada día para acompañar cada una de las cuatro comidas que diariamente comparten los trabajadores del campamento.
Otro encargado de cocina, Gabriel Cuellas, proveniente del Barrio San Antonio, de Tartagal, nos cuenta que es responsable de los almuerzos y cenas para todos los integrantes de este obrador, repartiendo los turnos cuando les corresponden los seis días de descanso junto al resto de los compañeros.
También visitamos las obras en otros campamentos como es el caso de Pozo Nuevo, donde se levantan 16 viviendas, otras 7 en Paraíso, otras 6 en Arenales y 5 en Monteveo, a una distancia de 2 a 8 kms entre una y otra misión.
Cristián Ramírez, encargado de obra en estos parajes, hace ya cinco meses que coordina las obras, nos cuenta que “las provisiones de materiales se hacen de manera permanente con vehículos preparados para este terreno y buscando el agua necesaria para proveer a los compañeros. Para todo esto usamos algunos establecimientos, como las escuelas, como puntos de provisión”.
Finalmente llegamos a Los Baldes, a 35 kms de Morillo, sorteando los inconvenientes de traslado que se presentan en épocas de lluvias, como la formación de grandes agüadas que debieron ser rellenadas con piedras oriundas de Orán (a 130 kms. de distancia). En total se han utilizado unos 60 camiones para el cimentado del camino.
Maribel Horquera, una joven de 18 años integrante de esta comunidad de 45 familias, donde su padre es el cacique, nos cuenta de la asistencia sanitaria que reciben: “nosotros recibimos casi una vez al mes la visita de agentes sanitarios, pero solo cuando el clima lo permite y pueden pasar”.
Su hermano mayor es el presidente (así lo llaman) de la comunidad, y tiene a su cargo las relaciones con las delegaciones nacionales y provinciales que los visitan de tanto en tanto.
Junto a su amiga y vecina, Miguelina Segundo, madre de un bebe de 7 meses de edad, ofician de panaderas, amasando día a día el desayuno y la merienda de decenas de trabajadores. Entre pan y pan, cuenta que sus comunidades están muy lejos de la civilización: “para llegar a la escuela primaria hay que irse a ciudades más grandes como Orán, Tartagal, o la capital. Lo mismo para cumplir todo tipo de trámites. Acá la electricidad se recibe de grupos electrógenos, que solo se usan para alimentan las bombas de agua y los campamentos de las cooperativas… Pero cuando se van las cooperativas también se va la luz”.
En total, las cooperativas de pueblos originarios del norte llevan construídas unas 300 viviendas en el chaco salteño, en conjunto con los mismos beneficiarios. Pero además, la experiencia de autoconstrucción les genera un avance en la organización sanitaria, con la posibilidad de contar con agua y cloacas. La autogestión demostró que es posible superar obstáculos como el transporte de materiales y el acceso a los recursos, pero además mostró una organización donde todos y todas son importantes para mejorar las condiciones de vida.

Fuente: CNCT

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