GUIDO SPANO: UNA MAESTRÍA EN AUTOGESTIÓN

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Tras un siglo de historia, el colegio del barrio de Palermo se convirtió en cooperativa en 2014. Hoy tiene más de 300 alumnos y su masa trabajadora creció: de 50 empleados pasaron a 70 asociados que toman las decisiones cotidianas.
Las dos de la tarde de un viernes cualquiera en un colegio privado, mixto y laico de la ciudad de Buenos Aires. No cualquier colegio. La decoración y mampostería indican cierta exclusividad. La escalera que invita al segundo piso es la de un gran caserón de principios del siglo pasado. Imágenes que chocan con el trajín de de sus protagonistas. Niños y niñas que corretean. Directivos que pasan con el ritmo de quién llega tarde a una cita. Esta es la historia de un proceso de vaciamiento que fracasó gracias a la reacción rápida de trabajadores, alumnos, padres y madres. Una historia de pertenencia e identidad.
“Llevar adelante el colegio nos resulta de una complejidad enorme pero no nos arrepentimos del camino que tomamos”, dice Federico Pascarella, síndico de la Cooperativa Nuevo Guido Spano. Donde no tuvieron opción. Era la autogestión o el cierre definitivo de una institución que dejaba trabajadores y chicos en la calle.
“Con la ayuda de cada una de las partes que componen el colectivo avanzamos en el proceso: los vecinos del barrios, los padres, los trabajadores del colegio y el apoyo político. Todo fue fundamental para estar acá, en nuestro tercer ciclo”, agrega Pascarella.
Pese a que cobraron por adelantado el 50 por ciento de las matrículas, las autoridades del viejo Guido Spano no tenían pensado abrir las puertas de la institución en el ciclo lectivo 2014. Como telón de fondo de la estafa estaba el negocio inmobiliario de los terrenos que ocupa el colegio para el complejo habitacional que finalmente se construyó en la misma manzana. Para las reglas del lucro no había nada que pensar. El Guido Spano debía cerrar sus puertas y dejar lugar al mega edificio en pleno Palermo.
Mauricio Sánchez es el apoderado que se encargó de cobrar la mayor cantidad de matrículas posibles antes de desaparecer, el gran ausente desde que empieza el intento de vaciamiento. Aparecieron los camiones y no respondía el teléfono. “Los padres y trabajadores nos empezamos a juntar en la puerta. Una vez allí nos encontramos con que cambiaron la cerradura, miramos por una ventana y vemos un escenario de mudanza. Era claro, algo pasaba y nadie pensaba avisarnos”, afirma Pascarella.
El 31 de diciembre de 2013 un grupo de padres se enteró del objetivo de los dueños de casualidad. Un camión de mudanza intentó llevarse mobiliario y documentación del colegio tras la orden de desalojo por un litigio entre dos sociedades anónimas.
“Ahí armamos una patriada enorme. Nos pusimos delante de los camiones y por primera vez nos dimos cuenta de que el colegio no se pensaba abrir ese año. Ahí empezamos con lo que tiempo después sería nuestra cooperativa”, recuerda el síndico que de administrativo pasó a ser una pieza fundamental en la nueva cooperativa.
Dos días después, la empresa que alquilaba el inmueble comunicó el cierre. Inmediatamente docentes, no docentes, padres y alumnos comenzaron a debatir sobre salidas posibles para la continuidad del colegio. Y una vez más el cooperativismo aparece como una alternativa válida a una ecuación por demás conocida en los manejos de una empresa privada cuando quiere cerrar sin cumplir: vaciamiento, quiebre, salarios y deudas impagas y trabajadores en las calles. La comunidad del Guido Spano eligió la autogestión para no perder las fuentes de trabajo.
El 30 de enero firmaron un contrato de locación por seis años con los dueños del edificio y el 14 de febrero la Justicia levantó la clausura y entregó las llaves del inmueble a la nueva conducción del colegio, que inició las clases como cooperativa en marzo de 2014.
El modelo de gestión social o cooperativo de la educación sostiene más de 450 establecimientos iniciales, primarios y secundarios en todo el país y fue una respuesta para muchos colegios privados con fines de lucro que después de la crisis de 2001 se tornaron insostenibles o a los que sus dueños decidieron poner punto final.
En la cooperativa Guido Spano los problemas internos y las diferencias en los métodos no tardaron en aparecer. La imposibilidad de adaptarse al nuevo sistema cooperativo y echar por tierra las jerarquías, propias de ser empleado de una empresa privada, se llevaron puesta a la rectora, quien se alejó del proyecto antes de tener que acatar las decisiones tomadas en asamblea.
En todas las cooperativas las cuestiones de participación generan internas. A mayor participación, más información se maneja y con más datos se puede estar en el día a día de las decisiones. Así lo percibe el síndico: “De pasar de empleado a decidir, me generó miedo pero también entusiasmo y liberación”. Más allá de todo conflicto, a dos años de la recuperación siguen leyendo el pasea una cooperativa como la oportunidad que necesitaban para crecer: “Las condiciones en las que estábamos no eran las mejores. Ahora mejoramos las condiciones de trabajo pero también apostamos a una educación distinta, más participativa e inclusiva y a avanzar a nivel tecnológico”.
Superada esa etapa, el desafío hoy es otro: que los más de 300 alumnos comprendan de qué se trata ir a un colegio cooperativo. “Ya nos organizamos, el colegio marcha y lo hace bien. Ahora es momento de que los chicos aprendan cómo funciona una cooperativa y que el día de mañana lo lleven adelante”, se entusiasma Pascarella.

Fuente: Revista Cítrica

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