«LAS POLICÍAS LOCALES SON UN CACHIVACHE»

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Entrevista a Esteban Rodríguez Alzueta, por Diego Lanese para Políticas del Sur*
Investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Esteban Rodríguez Alzueta es una de las voces más lúcidas a la hora de hablar de inseguridad y sus implicancias sociales. Con una mirada crítica hacia las policías locales, advierte que pronto serán absorbidas por La Bonaerense, que se opuso al proyecto original planteado por el diputado Marcelo Sain.
Autor del libro ‘Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno’, Rodríguez Alzueta analiza en esta entrevista con Política del Sur el impacto de las nuevas fuerzas en el escenario actual, y advierte las implicancias de entender la seguridad como “una mera cuestión policial”.

—¿Qué balance se puede hacer de la puesta en marcha en la Provincia de las policías locales?
—Las policías locales son un cachivache. Fueron el resultado de la incapacidad de los legisladores para convenir un marco razonable, pero también producto de la capacidad de entornar que tiene La Bonaerense a los ministros de seguridad. La policía local tal como la conocemos no es una síntesis de la que se estaba debatiendo en la legislatura sino otra cosa muy distinta. Una policía local que está a la altura de las expectativas de La Bonaerense, que nunca estuvo de acuerdo con la descentralización de las fuerzas de seguridad, más aún si con el proyecto de (Marcelo) Sain se buscaba crear una nueva policía con perfil propio y con una función muy específica como era la prevención situacional.
A La Bonaerense le molesto el proyecto de Sain no sólo porque iba resultar una fuerza con 20 mil agentes y con presupuesto propio, sino porque le iba a sacar el territorio que regulaba. Porque en el proyecto se decía que donde estaba la policía local no iba a estar La Bonaerense. Esto era inadmisible y La Bonaerense jugó a dos puntas para voltear el proyecto y luego para armar uno que, con el correr del tiempo se cayera a pedazos para terminar absorbiéndola como en su momento se comió a la POL 2. Por un lado hizo un acuerdo con el Frente Renovador para restarle quórum, y luego hizo otro con (Alejandro) Granados. Porque en el marco de la emergencia de seguridad, Scioli no podía mostrar debilidad y entonces terminó comprando la versión de Granados que era el proyecto de La Bonaerense. Una policía con un perfil desdibujado, con funciones que no estaban estipuladas, sin controles externos, que no iba a depender de los intendentes, y que iba a intervenir en los mismos territorios que La Bonaerense, y la CPC. Un engendro “sin ton ni son” que no va a tardar en caer, como ya lo estamos viendo ahora, en manos de La Bonaerense.

—¿Trajeron alguna novedad institucional estas fuerzas, o vinieron a reforzar lo que se suele llamar como “demagogia punitiva”?
—La creación de la Policía Local se da en el marco de la emergencia en seguridad que en febrero de 2014 Scioli decretó. Se había lanzado la carrera presidencial y la inseguridad se había transformado una vez más en la vidriera de la política. En un país con una sociedad que en general asocia la seguridad a la policía, que entiende que la pregunta por la inseguridad es una cuestión básicamente policial, entonces es de esperar que los funcionarios o candidatos prometan más policías, más patrulleros, más penas y más cárceles a cambio de votos. Esa fue la propuesta de Scioli y la del Frente Renovador. No así la de Cambiemos que tuvo otro perfil más “yogur descremado” con globos y sonrisas. Por lo menos hasta que llegó (Cristian) Ritondo.

—¿Qué podría pasar si se reforman las fuerzas como piden algunos bloques –Frente Renovador— y la estructura policial pasa a depender políticamente de los intendentes?
—Hay que mirar los proyectos en su integridad. Porque el proyecto de Marcelo Sain también hacía depender la Policía Local de los intendentes pero con control externo de la oposición en los Concejos Deliberantes. Todos sabemos que los intendentes acuerdan con La Bonaerense para que esta maneje el territorio a cambio de un porcentaje de la “caja” que recauda. A veces esa caja no va a parar al intendente sino a concejales o legisladores que son los que sostienen la red clientelar. Y si la Policía Bonaerense se mandaba alguna macana en el territorio la responsabilidad política se cargaba a la cuenta del gobernador y del ministro de Seguridad. Los intendentes, chochos. Lo que se buscaba precisamente con el proyecto de Sain era responsabilizar al intendente que siempre salía ileso. Pero eso quedó en el pasado porque la Policía Local de Granados-Matzkin sigue siendo una policía que está bajo el mando del Ministerio, es decir, de La Bonaerense, y que preserva la responsabilidad de los intendentes a cambio de que estos no se metan en el territorio que regula La Bonaerense.
También lo que se buscaba con el proyecto era encontrarle un marco legal a todas las patrullas municipales que los intendentes crearon en los últimos diez años. Esas patrullas muchas veces estaban integradas por grupos de choques del intendente que no le tenía que rendir cuentas a nadie. Había que ponerle un marco a esos otros engendros.

—Parece que se instaló la idea en la sociedad de que más policías es más seguridad, todos los candidatos prometían más efectivos en la calle, la Policía Local la creó Scioli y la mantendrá Vidal. ¿Hay alguna prueba de que esto sea cierto, que haya un avance en la materia con esta política de, digamos, saturación?
—La saturación policial no es una policía de prevención del delito sino una policía de prevención del miedo al delito. Si vos tenés en la esquina de tu casa a dos policías y pasa un patrullero cada 15 minutos vos te vas a sentir más seguro. Eso no significa que no haya delito callejero. Lo que hace la saturación es correr al delito callejero de zona, redirigirlo hacia zonas con menos vigilancia. Con las políticas de saturación la gente se siente más segura y con eso alcanza. La Policía Local tiende a estar en zonas sobreaseguradas, porque además está La Bonaerense, la CPC, las patrullas municipales, los agentes de la seguridad privada, las cámaras de videovigilancia, etc. Pero la gente tiene que saber que no se va a resolver el problema del delito callejero con más policía en la calle, con más armas o más patrulleros. Al contrario, eso crea nuevos conflictos, porque si las bandas saben que hay policías armados hasta los dientes, ellos también saldrán armados hasta los dientes. Yo siempre me pregunto si un chorro suelto sale de robar un local en el centro, al medio día, cuando está lleno de transeúntes. ¿Qué hará el policía? ¿Va a sacar el arma y apuntar a un blanco móvil que tiene como telón de fondo a 200 personas? Por suerte los chorros son personas inteligentes y saben que donde hay policías no conviene robar, porque si lo hicieran habría muchísima gente inocente muerta o gravemente herida con una bala 9 mm.

*Entrevista publicada en Políticas del Sur el miércoles 24 de febrero de 2016

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